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"He sufrido ya cinco atentados; en Guatemala hay una enorme impunidad"

Matar a un periodista es siempre un vil intento de silenciar abusos de poder, algo que ya ha ocurrido en cuatro ocasiones durante el último año en Guatemala.

Jorge Napal Ruben Plaza - Martes, 1 de Abril de 2014 - Actualizado a las 06:48h.

Claudia Samayoa

donostia - Dice Claudia Samayoa que el pueblo vasco "sabe perfectamente las complicaciones que surgen con quienes están acostumbrados al inmovilismo". La coordinadora de la Unidad de Defensoras de Derechos Humanos en Guatemala recalca que "la diferencia es que ustedes tienen instituciones, mientras que en mi país persiste una enorme impunidad". Samayoa visita Gipuzkoa de la mano de Mugen Gainetik para presentar un documental sobre la defensa de derechos en el país centroamericano. La cita, hoy a las 19.00 horas en la casa de Cultura de Hernani, y mañana a las 19.30 horas en el Koldo Mitxelena.

¿Se siente amenazada?

-Bueno, el caso es que acompaño a muchos defensores de derechos, incluidos periodistas. Lamentablemente estamos teniendo violencia estatal desde hace dos años, y es el propio gobierno el que agrede a periodistas y defensores. En mi caso, a lo largo de todos estos años he sufrido cinco atentados, el último de ellos en el marco del juicio por el genocidio. Quisieron quitarme de en medio, lo cual no ocurrió, afortunadamente.

¿Sufrir cinco atentados no le ha hecho replantearse las cosas?

-El miedo es un sano acompañante. Es una situación que no me ha aterrorizado, no me ha paralizado. Los ataques directos te enseñan a ser un poco más cauta, pero no me detienen. ¿Tirar la toalla? Llevo mucho tiempo luchando por los derechos humanos. Son ya tres décadas. A veces una siente como que el país no se dejara querer, pero a renglón seguido te pones en contacto con alguna defensora que requiere de tu ayuda y se te quitan todas las dudas.

¿Percibe alguna similitud entre Guatemala y Gipuzkoa?

-El mayor parecido está en la gente. Los habitantes del País Vasco tienen una clara conciencia de sus derechos. Al igual que ustedes, en Guatemala los pueblos indígenas también libran una fuerte lucha en favor de su cultura y su idioma. Ustedes tienen decretos sobre la Memoria y la Justicia, retos que compartimos. El pueblo vasco y el guatemalteco nos hemos sentido bastante cerca durante todos estos años.

¿Defender esos derechos en su país es más complicado que en Gipuzkoa?

-La defensa de los derechos siempre es complicada allá donde uno esté porque siempre implica un cambio. El pueblo vasco sabe perfectamente las complicaciones que surgen con quienes están acostumbrados al inmovilismo. La lucha por el respeto hacia el euskera es un ejemplo de ello. Pero la diferencia con un país como el nuestro es que en Guatemala la oposición no surge precisamente de las urnas ni de procesos democráticos sino que es la violencia la que cobra todo el protagonismo. En Guatemala la lucha por los pueblos indígenas ha ocasionado muchos muertos, periodistas incluidos.

¿Es cierto es que en su país el número de homicidios triplica la media mundial?

-Actualmente tenemos una tasa de unos 38 homicidios por cada 100.000 habitantes, y llegaron a alcanzar los 44. Estamos entre los diez países del mundo con mayores niveles de violencia homicida. En Guatemala hay 16 asesinatos diarios.

¿Qué papel ocupan los cárteles de narcotráfico en esos índices de violencia?

-Son un factor de violencia, pero no el único, como quiere hacernos ver el Gobierno. Hay que tener en cuenta la violencia que proviene de las propias empresas de seguridad. La violencia machista también está muy presente. Es la única tasa que no ha bajado, y sigue subiendo a razón del 5% al año.

¿Es una sociedad muy machista?

-Sí. El año pasado fueron asesinadas con armas de fuego un total de 604 mujeres. También hay mucho asesinato por arma de fuego para resolver los problemas. Estamos en una sociedad que no ha sabido resolver el conflicto vivido durante tantos años, y sigue empleando la violencia. El conflicto ha dado lugar a una sociedad armada.

Aquí también se ha vivido un conflicto armado durante cuatro décadas pero la gente, afortunadamente, no resuelve los problemas a tiros...

-Ustedes vivieron un conflicto y nos alegramos mucho de que estén dando pasos. La gran diferencia es que ustedes tienen instituciones. El problema en Guatemala actualmente es la impunidad existente.

¿Pero acaso el presidente de su país no llegó al poder con la receta de mano dura para acabar con la violencia?

-Ese fue su objetivo, pero inmediatamente se dio cuenta de que si quería bajar los niveles de inseguridad tenía que plegarse a la violencia. Comenzó su mandato considerando que son los defensores de los derechos humanos y de la cooperación internacional quienes impiden la paz en Guatemala. Dice creer en los derechos humanos, pero no en los terroristas. Esa doble vara es la que ha ido creando dos estados de sitio, acallando a la ciudadanía que está pidiendo el derecho a la consulta. Todo ello, acompañado por grupos de extrema derecha es lo que provoca asesinatos como los de cuatro periodistas el año pasado.

¿La vida en sí es un reto en su país?

-Sin duda, la verdad es que la fragilidad institucional es muy fuerte. Por eso nos quejamos, porque los acuerdos de paz son una hoja de ruta. Una sociedad que sobrevive al genocidio y que supera un conflicto armado de 36 años no se puede permitir que ciertos poderes corruptos arrojen a la basura todo ese drama humano. En Guatemala ocurrió algo terrible, y las nuevas generaciones estamos llamadas a construir la democracia.

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