sociedad

Gipuzkoa ha exhumado restos de 39 asesinados durante la Guerra Civil

Aranzadi ha hallado material óseoen doce fosas del territorio desde 2002
Los franquistas fusilaron en Euskadi a 2.352 personas y los republicanos a 764

Aitor Anuncibay - Domingo, 19 de Junio de 2016 - Actualizado a las 06:15h.

donostia- El eco de un tiro seco resuena en un valle guipuzcoano. Y otro y otro... Estamos en el otoño de 1936, en plena Guerra Civil. El bando sublevado asedia Gipuzkoa y, a su paso, las represalias se convierten en asesinatos. Los fusilamientos de soldados y civiles se repiten en muchas localidades. Sus cadáveres se entierran en montes, cementerios o se arrojan a simas. Sus familias desconocen su paradero.

Han tenido que transcurrir décadas para que sus restos vuelvan a la superficie y sus descendientes puedan cerrar el duelo por el padre, el abuelo o la tía ausentes de sus vidas por un zarpazo de crueldad. De esta forma, los militares franquistas fusilaron en Euskadi a 2.352 personas, mientras que los republicanos acabaron con la vida de 764. En total, 3.316 muertos de tiros a bocajarro, de los que más del 90% eran hombres y el resto mujeres. Gracias a los trabajos de la sociedad de ciencias Aranzadi, en Gipuzkoa se han exhumado hasta ahora restos de 39 personas asesinadas durante los primeros meses de la contienda. Los desenterramientos de la agrupación científica comenzaron en Zaldibia en 2002 y se han prolongado hasta ahora, con la excavación realizada a principios de este mes en terrenos del barrio donostiarra de Zubieta, donde aparecieron los restos de una persona. Entre una y otra extracción, Aranzadi ha participado en otras diez, salpicadas por todo el territorio guipuzcoano. Destacan las nueve personas encontradas en Elgeta -escenario de una encarnizada batalla-, las siete en el Puente de Hierro de Donostia y las seis en el camposanto de Villabona. En este sentido, el médico forense Paco Etxeberria, al frente de las exhumaciones realizadas por Aranzadi, destaca que, en Euskadi, “a la mayoría de la gente la enterraron en cementerios. “Creo que la iglesia católica tuvo alguna influencia en este aspecto, quizá por cuestiones de higiene y religiosas. Si era un individuo ateo, se le enterraba en la parte de extramuros del terreno funerario. Sin embargo, en Burgos se ve que la Iglesia se negó a enterrar a rojos en el cementerio y los pusieron a todos en el monte”, expone Etxeberria.

crímenesEste investigador recuerda que la mayor represión se produjo en los últimos meses de 1936, cuando el ejército nacional se apoderó de Gipuzkoa. “A medida que avanzan, van matando, pero desde las navidades bajó mucho el nivel de crímenes”, desgrana el presidente de Aranzadi.

Etxeberria recuerda que las localidades guipuzcoanas que más enterramientos albergaron fueron Oiartzun (unas 100 personas), Hernani (200) y Bera (Navarra aunque en la muga con Gipuzkoa). Muchos de los fusilados en las dos primeras localidades fueron sacados de la prisión de Ondarreta, en Donostia.

Después de 14 años de fructífero trabajo, Etxeberria cree que a partir de ahora será más complicado dar con nuevos hallazgos debido a que la mayoría de los enclaves de inhumación más conocidos y estudiados ya se han explorado. “Todos hemos empezado por lo fácil y seguro. Y dentro de lo que es posible, probable y cierto, algunas cosas son más imprecisas. Por ejemplo, en Ibarra se sabe que mataron a gente al lado de una ermita, pero que estén enterrados ahí es otro cantar. Se ha confundido mucho el lugar donde mataron con el del enterramiento”, aclara Etxeberria. No obstante, este forense remarca que el esfuerzo de las asociaciones locales está permitiendo localizar fosas que difícilmente se hubiesen abierto. Un ejemplo de ello es la excavada en Zubieta este mismo mes. “Había una lejanísima noticia de que hubo gente que murió y que igual les enterraron ahí. Yo nunca lo creí seguro, pero el grupo de Memoria Histórica de Lasarte-Oria insistió con más argumentos y ha dado en el clavo. Ese ejemplo casi no lo teníamos previsto, pero creo que si hay alguno nuevo en Gipuzkoa no va a ser tanto por que tenemos noticia que por lo que surja”, remarca Etxeberria.

Este investigador ensalza la tarea de estas agrupaciones surgidas en los municipios que trabajan con “un entusiasmo increíble”. “Esa gente está más cercana a poder ajustar mejor un testimonio y encontrar un documento. Están dando dinamismo a este asunto. Nosotros vamos detrás de ellos y esto lo que exige a partir de ahora es tener coordinación”, reconoce este médico.

comprensiónRespecto a la participación institucional en la reparación de los daños sufridos por las víctimas, Etxeberria expone que se ha “mejorado muchísimo en la comprensión e implicación”. “En Euskadi hemos hecho un avance enorme. No encontramos a nadie que pública y abiertamente diga que está en desacuerdo. Y a nivel del Estado es parecido. Otra cosa es el discurso institucional del partido en el Gobierno, que no tiene nada que ver con el del concejal de ese mismo partido en un pueblo. Eso es mérito de mucha gente. Ese logro está alcanzado”, puntualiza este médico.

Pese a todo, Etxeberria estima que por parte de las instituciones “todavía no se ha alcanzado que se haga oficial la memoria histórica”. “Con el contraste de datos y suma de discrepancias habrá que reconocer que en el conjunto de Euskadi mataron a un número de personas y en el frente murieron otras. Ese paso no se ha dado completamente. Como no ha existido una comisión sobre la verdad, no se ha generado una conclusión que dé oficialidad a lo que nosotros hacemos. Y es algo de lo que cada vez estamos más cerca”, reconoce Etxeberria.