El beaterio

Vivo sin vivir en mí

Por Iñaki de Mujika - Domingo, 19 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:11h.

Cuando comienzan a suceder cosas y llegan todas en cascada, necesitas parar, coger aire, y tratar de gestionar las emociones, propias y ajenas. No sé sinceramente por dónde empezar. La semana ha sido un portento de sobresaltos. Día tras día han sucedido cosas. Mirando al teclado, debo ordenar las ideas y compartirlas contigo.

El lunes se hizo oficial el runrún que situaba a Roberto Olabe fuera de la Real seis meses después de entrar con trompetería de orquesta sinfónica. Aquel fichaje se anunció como oportunidad de progreso, modernismo, crecimiento, mejora… lo que queráis. Todo se viene abajo en un santiamén sin que nadie haya sido capaz de decir la verdad o cuando menos edulcorar el desencuentro absoluto que ha determinado el final del proyecto. Han optado por la ley del silencio, quizás porque las causas reales no se pueden hacer públicas (podría montarse un pollo clamoroso) y porque nadie quiere dañar al club, primer perjudicado en la historia.

Un día después celebré mi cumpleaños con las personas que quise compartir un momento especial. Ese día entrevisté a Lucas Eguibar, feliz, satisfecho por el doble éxito de la medalla de plata mundialista. Pocas horas después hablaba desolado por la tragedia del entrenador con el que compartía preparación, competición y sueños. Israel Planas fallecía el viernes. Lucas no encontraba el modo de entenderlo: “Seguiré peleando y haré que nuestros éxitos suenen en el cielo. Hasta siempre Isra”. Recordé entonces los versos de Santa Teresa: “Vivo sin vivir en mí y tan alta vida espero que muero porque no muero”.

En el camino, el atropello de la ciclista Ane Santesteban con la que había quedado este viernes. Habíamos retrasado la entrevista porque no quería cortar los entrenamientos largos con los que preparaba el inmediato calendario. Un virus le impidió participar en la Strade Bianche. Aguantó el calor de la Setmana Valenciana y volvió a casa para recuperarse y coger fuerzas. Un desalmado se la llevó por delante, la dejó tendida en el suelo y la ambulancia le condujo al hospital. La siguiente noticia es la imagen de la corredora magullada en una cama y dispuesta a volver a empezar desde el dolor y la incomprensión.

Esther Arrojería es una jugadora de balonmano con enorme presente y futuro. Defiende la camiseta del Bera Bera y recibió la llamada del seleccionador estatal absoluto. Entrenaba en Rumanía con las compañeras del equipo. Todo en orden hasta que mediada la tarde del viernes recibo un mensaje, tan lacónico como cruel: “Esther, cruzado”. No puede ser, pensé en ella y volví a los versos.

En medio de estos sucesos, la Real acumulaba bajas importantes. A la conocida ausencia de Illarramendi en Mendizorroza se unían en el camino las de Zurutuza e Iñigo Martínez, lesionados e inquilinos de las camillas de Zubieta junto a los Agirretxe, Willian José, Carlos Martínez… un elenco de prima donnas que obligan al equipo a competir desde la dificultad y los remiendos.

Sinceramente, no era nada optimista en esta cita. Con la catarata de noticias desagradables que he tratado de relataros, no estaba para nada de subidón. Esperaba, eso sí, la decisión del entrenador al respecto de tantas ausencias. Ya pudo sorprender la convocatoria, pero mucho más la alineación. Confiar en Guridi, Odriozola, Bautista… es un ejercicio de valentía. Siguen cumpliendo como jabatos en un periodo del campeonato en el que el equipo no brilla por diversas razones.

Las derrotas del Villarreal y Athletic ofrecían aire antes de iniciar el encuentro y además una oportunidad de poner tierra de por medio si el equipo era capaz de obtener un resultado positivo. No lo hizo porque apenas creó peligro. Se quedó con diez y pierde dos hombres para el encuentro próximo en Anoeta. Si no es por el acierto de Rulli, a esta hora el tanteo adverso ofrecería un guarismo más amplio en la derrota. Dos seguidas, por cierto, desde que se inició el campeonato.

Un par de semanas por delante para preparar el partido contra el Leganés. Se supone que para entonces el equipo recuperará futbolistas y resuello. Nos falta un poquito, o un muchito, de ritmo y sobre todo capacidad de llevar peligro a la portería contraria. Fernando Pacheco, salvo la acción de Yuri en la primera parte, pudo leerse perfectamente los versos teresianos sin que nada, ni nadie, le molestaran.

Seguía viviendo sin vivir en mí hasta que llegó el Bidasoa para cambiar la tendencia, ganar y eliminar al Benidorm y convencernos a todos de que el espíritu, la fe y la confianza mueven muchas veces las montañas.