Mesa de Redacción

Competir

Por Carolina Alonso - Lunes, 20 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:10h.

La participación está de moda. Las instituciones preguntan a los ciudadanos sobre cuestiones de no mucha trascendencia: si queremos o no mantener el pequeño frontón de un barrio o si preferimos que el diseño de una plaza sea así o asá. Las decisiones gordas se las quedan para ellos, que para eso les pagamos. Pero si galardones simbólicos como el Tambor de Oro, en origen un premio turístico que se ha acabado considerando el novamás del reconocimiento honorífico donostiarra, se somete a votación, desaparecerán algunos problemas pero otros están servidos. Hasta ahora, el galardonado se elegía entre representantes del sector turístico de la ciudad y los partidos del Ayuntamiento. Los políticos con más tablas usaban sus maniobras para apoyar a sus favoritos, a veces ganaban y otras no, pero sus trucos quedaban en el secreto de sus deliberaciones. Antes de decidir el premio, además, se preguntaba al preseleccionado si podría y querría venir a Donostia a recoger el Tambor de Oro el 20 de enero. Y si no, se elegía a otro. Si este premio se decide por votación, como se prevé, el problema seguirá existiendo y multiplicado. Habrá que preguntar a todos los aspirantes si pueden venir y, además, a ver quién es el personaje de postín que se presta a competir con otros en una votación honorífica, a riesgo de no salir elegido.