Desde la Avenida de Tolosa

Aguirre y San Mateo

Por Adolfo Roldán - Viernes, 21 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:11h.

En una breve comparecencia a las puertas de la Audiencia Nacional, Esperanza Aguirre hizo unas declaraciones a los medios con voz entrecortada sobre la detención de su mano derecha. La expresidenta de la Comunidad de Madrid y actual portavoz del PP en el Ayuntamiento madrileño no admitió preguntas, evitando así contestar sobre si renunciará a su acta de concejala, único cargo público que actualmente ostenta. Antes, durante las dos horas de declaración como testigo en la Sala de la Audiencia Nacional, Aguirre se había desvinculado de los contratos con la red Gürtel,jactándose ante los magistrados de sus éxitos en la gestión política. Repitió que ella “destapó la trama Gürtelsin saberlo” y que “no sabía quién era Correa, jamás he hablado con él, ni le conocía”. Pero indudablemente el momento más esperado vino después cuando se refirió ante los medios a Ignacio González, salpicando sus palabras con llamativas lágrimas. “Para mí -dijo-, es un día verdaderamente triste, es un día en que estoy conmocionada por la detención ayer de Ignacio González. Si resulta ser culpable para mí, que he puesto mi confianza en él durante tantísimos años, es un palo verdaderamente muy, muy, muy gordo. Y si no lo es, yo también estoy conmocionada por el calvario que está pasando, y el que le queda por pasar porque la justicia en España es muy lenta”. Evidentemente, en ese mismo momento comprendí la vinculación que Esperanza Aguirre mantiene con San Mateo. Me refiero al seguidismo que ha hecho del capítulo 6.3 del evangelista: “Que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu mano derecha”. Su mano derecha y sucesor en la presidencia de la Comunidad ha sido Ignacio González, acusado de llevársela cruda del Canal de Isabel II;y su mano izquierda, el exconsejero Francisco Granados, en prisión desde octubre de 2014 por pertenencia a la red Púnica. Aguirre ha sido tan notable discípula de San Mateo, que ni ella misma ha sabido nunca lo que hacían ni su mano derecha, ni su izquierda.