Daron Acemoglu | ECONOMISTA Y PROFESOR DEL instituto tecnológico de Massachusetts

“En España la baja productividad se debe a las instituciones corruptas y a la perversa relación entre política y empresa”

Desde que publicó en 2012 junto a su colega James Robinson el libro ‘Por qué fracasan los países’, Acemoglu es uno de los economistas más mediáticos del mundo, aunque fue calificado de “economista pop”

Una entrevista de Nekane Lauzirika | Fotografía de Kike Para/Fundación BBVA - Domingo, 16 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:11h.

Madrid - La respuesta que dan en el libro a la pregunta que formulan levantó airadas criticas entre el establishment político, económico y social, ya que dejan claro que las naciones fracasan cuando tienen elites extractivas. Cuando los de arriba exprimen a los de abajo, extraen su riqueza, no les dejan expresarse y bloquean cualquier intento de progreso. “Por el contrario, las naciones progresan cuando tienen elites o instituciones inclusivas, que fomentan la democracia, la participación, la libertad de expresión, el derecho a la propiedad, los servicios públicos...”. Acemoglu (Estambul, 1967) visitó Madrid para recoger el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento de Economía. Su libro fue en 2012 de los más vendidos de Estados Unidos y España. Pero su gran golpe de suerte sucedió cuando Mark Zuckerberg, creador de Facebook, lo puso en su “lista de preferidos” situándolo en el Olimpo.

En el mundo hay 7,6 billones de euros depositados en quince conocidos paraísos fiscales o ’Islas del tesoro’. ¿Podemos hablar de economía para un desarrollo sostenible?

-El tema de los paraísos fiscales es muy grave. No es solo un problema de sostenibilidad, sino de tener una sociedad donde se compartan las ganancias y las riquezas. El patrón que la gente ha encontrado en todos los países donde se ha estudiado -incluso en los escandinavos- es que los muy ricos pagan menos impuestos y esto se debe a los paraísos fiscales y a otros esquemas de evasión fiscal existentes. Si piensas en los sistemas democráticos con crecimiento inclusivo, lo son porque con ellos hay una redistribución de los ingresos fiscales; los ricos tienen que pagar su parte de impuestos en una forma justa para que tenga lugar algún tipo de redistribución, porque esto es clave desde el punto de vista social.

Usted aboga por instituciones inclusivas donde la mayoría social pueda desarrollar su talento, proporcionando igualdad e incentivando la inversión e innovación. Con 1.000 millones de hambrientos y 2.500 millones viviendo con menos de 2 dólares al día. ¿Caminamos hacia sociedades con instituciones inclusivas o más bien al revés?

-Hay que verlo con perspectiva. Si estudiamos las mismas estadísticas de hace treinta años la situación era mucho peor. En cierta medida, el mundo ha cambiado; tenemos el caso de China y África, donde miles de millones de personas han salido de la pobreza, pero lo más importante, el punto clave, es que el mundo, si lo tomamos como un todo, sigue siendo algo que se basa en demasiadas instituciones extractivas. Luego, muchos de los acuerdos económicos en África, en el sudeste asiático, en China, incluso en Latinoamérica, se basan fundamentalmente en esa lógica extractiva de acumulación que con frecuencia no necesariamente ayuda a la mayor parte de sus poblaciones. Es un hecho, a menudo cuando hay un crecimiento beneficia solo a unas pocas compañías, a la elite.

En una sociedad regida por instituciones extractivas no hay innovación tecnológica ni creatividad y un pequeño grupo acapara la riqueza. ¿Existe camino para salir de esta situación si casi toda la riqueza y el poder lo acapara la élite extractiva?

-En la forma más extrema, las instituciones extractivas no apoyan la innovación ni la mejora tecnológica y van a beneficiar a una parte extractiva, una parte pequeña y poderosa de esa sociedad, pero el mundo es más complejo. En nuestro marco hemos enfatizado la posibilidad de que veamos el crecimiento económico extractivo, es decir, situaciones como las de China, basado en un sistema político extractivo, pero que se ha ido convirtiendo en algo más inclusivo a lo largo del tiempo. Por lo menos ha permitido a la gente salir de ese control tan estricto que había en el maoísmo y ha logrado un crecimiento económico muy rápido; incluso ha servido para mejorar significativamente la tecnología en China. Pero nuestro marco indica que este tipo de modelo a la China va a estar limitado. El llevar a la sociedad a un desarrollo sostenible y duradero basado en la innovación, el tipo de crecimiento inclusivo, es lo que nosotros quisiéramos ver.

La crisis de 2008 dejó muy tocados a países como Grecia, ¿El problema económico de este país son sus instituciones? ¿O quizá las normas intransigentes que les obligan a acatar desde instituciones comunitarias?

-Fundamentalmente el problema griego son las instituciones, pero también una mala gestión de la Unión Europea que agravó la situación. Grecia es un caso de una economía bajo instituciones muy débiles que han consumido más allá de su capacidad, gastado más allá de sus recursos durante más de una década. Y han hecho esto mientras que el sistema impositivo se hizo cada vez más ineficiente. Ocurrió lo inevitable en el contexto de una crisis financiera mundial. En Grecia fue necesario y sigue siendo imperioso realizar una profunda reforma financiera institucional. El único error fundamental de la Unión Euro pea (UE) fue forzar la austeridad, aunque esto fue una forma de obligar a Grecia a la reforma. Pero hubo un efecto negativo, porque la austeridad creó más problemas. El objetivo global de la UE fue desarrollar reformas que no estaban mal encaminadas, pero que no se ejecutaron correctamente.

En España frente a la crisis redujeron en investigación e innovación, anularon derechos laborales, recortaron en sanidad, educación y prestaciones sociales a las clases medias, mientras concedían amnistías fiscales a grandes fortunas, rescataban bancos y generalizaban la corrupción… Ahora dicen que salimos de la crisis, ¿Pero no habría sido más eficaz su propuesto modelo liberal económico no economicista?

-España ha tenido situaciones semejantes a Grecia, aunque ahora está en otro plano. El entorno institucional general no deja espacio para empresas de alta productividad que son las que van a crear trabajo. La baja productividad se debe a instituciones corruptas disfuncionales que dan su apoyo a esto, creando una relación inadecuada entre los políticos y las empresas de negocios, en un entorno no competitivo, porque los políticos protegen a sus propios amigos. Eso son los problemas que hay que solucionar. Estoy de acuerdo con el planteamiento que usted realiza de que es imperativo el transformar las instituciones españolas en una forma más inclusiva.

¿Se sabe lo que no hay que hacer?

-Sí. Jamás, jamás reducir fondos para la educación y la investigación. Además, para crear un sistema político más inclusivo, más sincero, con menos corrupción tiene que haber cambios políticos importantes. Por los menos en España ya se han reconocido los problemas con la aparición de nuevos partidos. Es un paso importante, pero no un cambio automático. No se puede reformar un sistema político o eliminar toda la corrupción entre la política y los negocios de la noche a la mañana.

En España hay más de un 20% PIB es mercado negro que no paga impuestos y más de 115.000 millones depositados fraudulentamente en paraísos fiscales. Las instituciones son democráticas, pero ¿es la española una sociedad económica inclusiva o extractiva?

-Las instituciones españolas no son completamente inclusivas. La corrupción que se está viviendo es el síntoma de un grave problema institucional más peligroso. El tejido institucional español no es suficientemente inclusivo, necesita una reforma radical. El entorno institucional general no deja espacio para empresas con alta productividad, que son las que realmente generan trabajo. Esa baja productividad, que es la regla de España, va unida a la baja tasa de creación de puestos laborales. Si se pretende tener más empleo, debes de tener mejores empresas, más competitivas.

Los poderes económicos siempre han tenido intereses en la política e intentado influir o dominar las instituciones, pero desde fuera. Pero ¿qué sucede cuando es el propio poder económico quien acapara el poder político institucional? Por ejemplo, Donald Trump.

-Estoy de acuerdo con la primera parte del planteamiento de su pregunta. Prácticamente es una definición de lo que son instituciones de sistemas extractivos, lo que va con ese poder económico; los que tienen el gran poder económico tienen el gran poder político. Eso ocurre en todas partes. Lo peor de Trump no es que tenga miles de miles de millones ni que no sepamos cuánto paga en impuestos. El problema más importante es lo que él representa y cómo Trump está cambiando, dice que va a cambiar, las instituciones norteamericanas. Si un multimillonario que fuese muy honesto, y los hay, fuera candidato presidencial no sería un gran problema. El conflicto surge cuando una persona empieza a utilizar su poder para minar las instituciones. Trump va en esa línea.

En el caso anterior ¿no se corre el riesgo de que se legisle la economía para la pequeña elite del 1%, dejando fuera de juego al 99%?

-En cierta medida sí, pero el problema es más complicado. Trump llegó al poder por el populismo de derechas de abajo-arriba, recibiendo los votos en áreas que habían sufrido gravemente al perder sus trabajos en la América pobre, donde siempre había habido crecimiento de empleo. Le votó la gente de menor nivel educativo, así que no solo es un fenómeno de elites; hay otros matices. No son proyectos elitistas como el expulsar a los emigrantes o poner barreras arancelarias. Muchos ricos acogen con beneplácito la mano de obra emigrante. El problema es que también su Plan impositivo es regresivo; recorta las ayudas del dinero para la comida a los pobres, el seguro médico y recorta los impuestos a los muy ricos; es una mezcla de matices políticos diferentes. Esa complejidad es lo que cambia con respecto a un proyecto típicamente elitista con recortes porque pone en tela de juicio las instituciones. Es esta mezcla de contradicciones lo que resulta preocupante.

Usted demuestra empíricamente que en la Historia solo las instituciones inclusivas han generado economía sostenible y progreso, ¿por qué sigue habiendo tantos países donde las elites y grandes fortunas extractivas siguen marcando el paso? ¿Hay solución que no sea una revolución o similar?

-Esto ocurre porque las instituciones extractivas tienen un gran poder. La historia muestra que los que tienen el poder político van a determinar el futuro de la política, de la economía, a menos que se vean puestos en tela de juicio por la base y esto no es ni fácil ni es automático. Además, cuando esta respuesta surge, a veces, va en la dirección inadecuada, que es lo que llamamos el circulo vicioso de la política, que hay más extracción que llama a más extracción. No es fácil; incluso las instituciones inclusivas se ven sometidas a ese reto y entonces nos lleva hacia atrás. Como ha pasado en la Unión Europea con la salida del Reino Unido y con Trump en Estados Unidos.

Con este galardón de la Fundación BBVA, el espaldarazo a sus propuestas económico-financieras es enorme. Desde esta atalaya cualificada que le da el premio, ¿qué pediría a los poderes económico-político-sociales para que el progreso económico sea sostenible?

-Es muy difícil saber qué demandar. Pero sí podemos pedir una hoja de ruta para orientarnos. Necesitamos una sociedad más abierta, más transparente. Mire toda la corrupción, mire todas esas cosas que muestran esas empresas ineficientes. Eso ocurre por ese efecto del lobby a puertas cerradas. Con un ejercicio inadecuado del poder político. Hace falta mayor apertura en esta era de la tecnología. ¿Por qué dejamos que las cosas se hagan a puerta cerrada? Tenemos que pedir mayor apertura económica. Mire a Estados Unidos, a muchos lugares de Europa, donde algunas clases sociales no tienen las mismas oportunidades educativas para participar en el nuevo desarrollo tecnológico que está teniendo lugar. Esto tiene que cambiar también.