Diversión a lo grande

Nunca antes un Mini fue tan grande, versátil y divertido a la vez, lo mismo rodando sobre asfalto que abandonándolo merced a su tracción a las cuatro ruedas. Ahora su espíritu aventurero lo lleva incluso a pernoctar en plena naturaleza.

Un reportaje de Tomás Pastor - Sábado, 5 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:10h.

Las posibilidades del Mini Countryman parecen no tener límite. La última singularidad de este automóvil que conserva la esencia e imagen del Mini tradicional, pero que cuenta con las dimensiones de un turismo compacto de carrocería familiar (4,299 metros de largura), ha sido la llegada de la carpa de techo Autohome, del especialista italiano del mismo nombre. En colaboración con el equipo de diseño de Mini ha adaptado su carpa de techo AirTop y realizado una edición especial ofrecida en negro o blanco, a juego con los colores de contraste de techo y las cubiertas de los retrovisores exteriores del Mini Countryman.

Con unas dimensiones de 2,10 metros de largura por 1,30 metros de anchura y una altura interior de 94 centímetros, según precisa la marca, “aporta suficiente espacio para que pasen la noche cómodamente dos personas, también gracias a su óptima ventilación, alto nivel de aislamiento térmico y acústico e impermeabilidad asegurada. La carpa incluye: colchón de gran densidad con cubierta de algodón, dos puertas y dos ventanas con cremalleras, mosquiteras de malla fina en todas las aberturas, luz interior de led de batería, redes para equipaje y bolsillos para efectos personales;junto a una sólida escalerilla de aluminio para subir al techo del Mini Countryman. Para abrirla basta con liberar los tres cierres de seguridad y la carpa se eleva automáticamente mediante cuatro muelles de presión de gas, y una vez cerrada apenas se distingue de una caja portaequipajes convencional”.

El Countryman, disponible desde 27.800 euros, además de su revolucionaria propuesta para pernoctar en plena naturaleza, es un Mini en esencia y diseño, pero sus dimensiones lo convierten ya en una opción clara como primer vehículo. Y para comprobarlo, nada mejor que darse una vuelta a sus mandos. Nosotros tuvimos ocasión de realizar una breve a la vez que ilustrativa e intensa toma de contacto hace ya unas cuantas semanas en las cercanías del Señorío de Otazu, junto a las bodegas del mismo nombre, en Etxauri, a escasos kilómetros de Pamplona, a través de unas carreteras y parajes naturales que son una auténtica delicia.

Tras una corta explicación informativa sobre el modelo más grande de la gama Mini, nos pusimos al volante para efectuar un divertido recorrido que incluía un tramo revirado de curvas -que un servidor se conoce al dedillo porque está a menos de diez kilómetros de su casa-, acompañado de una animada ruta transitando por pistas, con alguna que otra dificultad reseñable, y donde el Mini demostró su potencial merced a su tracción a las cuatro ruedas y a una considerable altura libre al suelo respecto a un turismo convencional.

Suficientemente amplio por dentro, tanto en las plazas delanteras como en las traseras, respaldadas por un espacioso maletero de 450 litros de capacidad, el Countryman extrapola el característico diseño de Mini y sus sobresalientes cualidades dinámicas: este es un coche divertido como pocos y que invita a la conducción deportiva con un magnetismo irresistible a poco que se retuerza la carretera. Descendiendo a buen ritmo el puerto de Etxauri y apreciando su agilidad, estabilidad, rapidez de respuesta y nobleza de reacciones, regresamos a Otazu para probar sobre una superficie embarrada las bondades de su tracción total y de las ayudas electrónicas en distintos niveles de asistencia, a pesar de contar con unos siempre delicados neumáticos de asfalto cuando de lo que se trata es de moverse por barro. Como era de esperar, el Countryman volvió a demostrar que con él uno se lo puede pasar en grande en todos los terrenos: asfalto, pistas y hasta superficies embarradas.

MINI COUNTRYMAN