Más de veinte familias guipuzcoanas muestran su interés en acoger a un menor tutelado

| El llamamiento a la sociedad surte efecto con ofrecimientos desde Donostia, Zarautz, Zumaia, Urnieta, Hondarribia, Asteasu y Aizarnazabal
La Diputación agradece la implicación pero sigue necesitando más hogares para 45 niños con necesidades especiales

Jorge Napal - Viernes, 11 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:11h.

donostia- Un total de 23 familias se han puesto en contacto con la Diputación dispuestas a iniciar un proceso de acogida con alguno de los 45 menores tutelados que aguardan un nuevo hogar. Dos semanas después del llamamiento realizado por el Ejecutivo foral, y en un periodo vacacional nada favorable, la sociedad vuelve a responder solidariamente, aunque siguen haciendo falta más familias.

Según informa la Diputación a NOTICIAS DE GIPUZKOA, el mensaje ha calado en todos los rincones del territorio de tal modo que el ofrecimiento ha llegado desde localidades como Donostia, Zarautz, Zumaia, Urnieta, Hondarribia, Asteasu y Aizarnazabal. Seis de estos hogares ya han sido derivados a Lauka, la entidad con la que el Ejecutivo foral tiene contratado el servicio de selección y formación de familias acogedoras.

Entre los hogares disponibles hay distintas realidades, desde familias monoparentales sin hijos y con ellos a biparentales con familia numerosa. A modo de anécdota, uno de los ofrecimientos ha llegado desde un domicilio con cuatro hijos “y un quinto que está en camino”. Cuando los técnicos preguntaron por qué acoger un sexto, la respuesta fue la siguiente: “Queremos hacer nuestra aportación a la sociedad”.

Gestos de esta naturaleza no tienen precio aunque, desgraciadamente, no siempre es posible el emparejamiento. Para que el acogimiento concluya con éxito es preciso realizar una valoración previa y canalizar adecuadamente la petición. Hay que aclarar muchos interrogantes. Las familias deben aceptar sin reservas la ayuda profesional y asistir a una actividad formativa grupal sobre los aspectos jurídicos-administrativos y psico-educativos del acogimiento.

No es más que el primer paso. “Desde luego que no estamos ante un proceso sencillo”, advierte Eneida Amas, técnica de Acogimiento Familiar y Adopción de la Diputación. “Es de agradecer la rápida respuesta y el apoyo que estamos encontrando en la sociedad, pero es cierto que las necesidades continúan y a este respecto conviene recordar que no se trata de buscar un niño para cada hogar. La mirada debe ser al revés. Hay que encontrar una familia que se adapte a las necesidades del menor, de ahí que pueda haber hogares en la lista de espera pero que quizá no se adecuan a los perfiles que hacen falta”, advierte Amas.

Una tutela al díaEl Ejecutivo foral asume prácticamente cada día una nueva tutela. La demanda es incesante, de ahí la necesidad constante de encontrar nuevas familias. En la actualidad hay 45 menores preparados para dar el salto a un hogar tras constatarse que el único modo de garantizar su bienestar es separarles de su familia de origen, en algunos casos temporalmente.

El actual llamamiento va dirigido a familias que puedan acoger niños de cuatro años que presentan necesidades especiales. También están a la espera bebés para quienes de momento no se ha encontrado respuesta. Algunos pequeños profesan diferentes religiones y culturas, lo cual exige un plus de flexibilidad a la hora de integrar en el hogar esas realidades.

También aguardan, entre otros perfiles, grupos de dos hermanos que necesitan vivir bajo un mismo techo, y niños y niñas de más de seis años que ya tienen un funcionamiento autónomo, lo cual suele complicar su adaptación porque la mayor parte de familias se decanta por niños más pequeños y fáciles de integrar.

Cariño individualizadoTodos estos menores residen por el momento en pisos que dependen de la institución foral. La urgencia reside en que, por sus características, necesitan el amparo de una familia -aunque no sea la suya- que les asegure una atención y un cariño individualizado.

Los técnicos de la Diputación recuerdan que lo más importante es que los hogares se ocupen del cuidado y educación de los menores de una manera cariñosa e incondicional. “Hay familias que quizá no están preparadas para asumir la complejidad de la acogida, pero es algo que nada tiene que ver con ellos como personas. En este proceso no se hace ningún juicio de ellos como familia, ni mucho menos”, recalca Amas.

Se trata más bien de valorar la aptitud para convertirse en un hogar acogedor. Según explica, si la familia desea seguir adelante participará en un proceso de valoración individual para determinar su adecuación al acogimiento. Se realiza mediante entrevistas y la aplicación de pruebas psicotécnicas específicas. Incluye, además, una visita al domicilio familiar.

La Diputación insiste en que no se pone en cuestión la capacidad de las familias, pero los menores ya han sufrido suficiente como para exponerse a un nuevo fracaso, de ahí que velar por su bien exija tomar todas las precauciones. “El acogimiento debe ser entendido como un proyecto familiar en el que la motivación predominante sea ayudar al menor”. Finalizado este proceso, y si la familia ha sido considerada adecuada para el acogimiento, pasará a formar parte de un grupo de familias a la espera, siempre que esta se adapte al menor, y no al revés.

A partir de ahí, la posterior fase de integración del menor en la familia consta de tres etapas.

Según explica Amas, la primera es “el emparejamiento”, es decir, el momento de la asignación. Después llega la fase del acoplamiento, periodo de tiempo en el que el menor y la familia se conocen y se inicia una progresiva incorporación al domicilio. “Hasta que llega el momento de delegar la guarda de la persona menor en la familia, para que la cuiden y la eduquen”, detalla la técnica de la Diputación.

Las partes suscriben a partir de ahí un contrato que recoge las características del acogimiento, de acuerdo con las necesidades del niño y la situación de la familia de origen. Los profesionales hacen un seguimiento que, si todo va bien, cada vez será más espaciado en el tiempo.

en busca de un ambiente familiar cálido y seguro

Una nueva vida. Un total de 23 familias han mostrado su disposición para acoger a alguno de los 45 menores que actualmente esperan en pisos de la Diputación para iniciar una nueva vida en un hogar.

Perfiles. Entre los menores que esperan a una familia hay niños de cuatro años que presentan necesidades especiales, bebés, grupos de dos hermanos, mayores de seis años, adolescentes y menores que necesitan una acogida temporal a la espera de volver con sus familias de origen.

Necesidad constante. Gracias a la solidaridad guipuzcoana, por primera vez hay en el territorio más niños tutelados en hogares que en pisos de la Diputación. En concreto, 365 menores residen en acogida familiar y 316 viven en centros forales.

Para más información. Cualquier persona interesada en ampliar más información puede ponerse en contacto en la dirección familiaharrera@gipuzkoa.eu o bien gizartepolitika.eus/es/familia-harrera. Para establecer contacto telefónico: 943 112 522.

Requisitos. No existe un perfil predefinido para las familias que puedan ser acogedoras, aunque sí una serie de requisitos que deben cumplir, según recuerdan desde la Diputación. En primer lugar, que se sientan solidarias, dispongan de tiempo, comprendan que deben afrontar problemas no siempre sencillos y entiendan también la importancia de la familia de origen para la persona menor en acogida.