Aste Nagusia

Aho bete... Festa!

Carolina Alonso - Sábado, 12 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 07:50h.

Las fiestas de la Aste Nagusia donostiarra son, como todas, momentos de diversión para compartir con los amigos y los más jóvenes saben cómo aprovecharlos. En Donostia, los fuegos artificiales, los conciertos y los helados son algunos de los ingredientes que no suelen faltar en la fiesta, pero también hace falta echar gasolina al cuerpo para seguir la juerga día tras día y aprovechar algunos de los 460 actos del programa festivo oficial y más de un centenar del de Donostiako Piratak. Y los bocadillos se convierten en un ingrediente ineludible de la semana festiva, tanto como las ganas de pasarlo bien.
El bar Campus de Ondarreta no se encuentra en el cogollo festivo pero es uno de los que más fama han adquirido en los últimos tiempos por sus sabrosos bocadillos. Sus responsables están contentos del éxito de sus panes rellenos y confiesan que venden un centenar al día más o menos. En años precedentes, la Semana Grande no ha sido un momento de incremento de ventas de bocadillos, pero tampoco de descenso, porque cambia la clientela más habitual por la que se encuentra de visita.
Una cuadrilla de jóvenes donostiarras no han dudado en prestarse como modelos para posar con un bocadillo gigante, en el que conviven todos los ingredientes posibles, que sirve de imagen a estas líneas. Tortilla, gulas, vegetal, calamares y otras delicias conviven apretadas entre las dos partes del pan, como también lo hacen los abundantes actos de la Semana Grande, que permiten disfrutar a toda clase de público y que los chavales no dudarán en aprovechar. Los jóvenes -Iker, Olatz, Eneko y Kattalin- cuentan los días para tomar parte en las fiestas de su ciudad, que no serán las únicas que visiten en este verano de fin del Bachiller. Y es que este es un verano muy especial para estos jóvenes. Todos, excepción hecha de Iker al que le faltan pocos días, ya han cumplido la mayoría de edad y la fiesta casi se la comen a mordiscos.
La música es uno de los ingredientes principales de su menú. Olatz y Kattalin, de la misma cuadrilla, no faltarán a los conciertos de La Oreja de Van Gogh, Morat, Huntza o Esne Beltza, y coincidirán con Iker en el de Lágrimas de Sangre.
Eneko asegura que gran parte de su guion festivo está unido a lo que se le proponga en La Flamenka y todos, sin excepción, no se perderán el Abordaia de los Piratas el día 14, una cita que tienen marcada en rojo aunque el éxito de la travesía no esté en absoluto garantizado. Ya el año pasado, Eneko, Iker y toda su banda demostraron que no tienen buen encaje en un astillero, aunque el naufragio no les ha restado ganas de repetir.
También los cuatro sumarán sus fuerzas a la hora de echar una mano en el Abordatze Txikia, el día 17. Los corsarios más jóvenes tendrán unos guías entusiastas.
Por lo demás, ilusión, ganas de diversión y pocas, o ninguna, intención de dar a sus progenitores la alegría de llegar pronto a casa. Y es que, con la mayoría de edad en el bolsillo, aseguran que ya se les ha pasado el tiempo de que se les impongan horas de vuelta, aunque Kattalin lo reconoce: "A mi ama no le hace ninguna gracia que llegue todos los días después del amanecer".
A Olatz le gusta ir con Kattalin y su cuadrilla a ver los fuegos, una tradición donostiarra a más no poder, y tampoco suelen faltar a la cita con las barracas del Paseo Nuevo, aunque sea una vez. La paga no da para dispendios. l
"Me gusta darme una vuelta para ver el ambiente", afirma Iker que seguro que se verá acompañado por Eneko y los más de una decena de miembros de su cuadrilla que, sin duda, se dejarán oír por la Parte Vieja, zona en la que acostumbran a moverse estos días y donde se encuentran con otros amigos y amigas, como Kattalin y Olatz.
Lo peor, cuando hay compromisos al día siguiente y toca levantarse poco después del mediodía, con mal humor y mucho sueño.
Con 18 años se puede con esto y con mucho más y estos días todos se preparan para entrarle duro a la fiesta, ocho días en los que el cansancio se deja sentir menos que durante el curso y en los que no se plantean dejar ni un segundo libre al aburrimiento. Cuando se acabe la Semana Grande, como buenos embajadores festivos, no descartan mostrar su aguante en Bilbao.