Javier Urriza | remontista

“Ganar cinco txapelas era impensable, pero no pienso en récords”

Javier Urriza sigue haciendo historia. Con el logro de su quinta txapela del campeonato individual de remonte ante Uterga, el pamplonés supera a una leyenda como Matxin II y empieza a acechar el récord absoluto de once triunfos de Koteto Ezkurra

Martes, 12 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h.

pamplona - De debutante tardío, a referente absoluto. Javier Urriza (Pamplona, 36 años) está marcando con letras de oro su legado en el remonte a base de txapelas. Ya son cinco y, aunque él no lo conciba, alcanzar las once de Koteto no es un disparate. Con los campeones nunca se sabe.

¿Es el dominador absoluto del remonte en los últimos años?

-Está claro que en el individual estoy dominando al resto. Es el campeonato más importante, el que más prestigio tiene, y ganar cinco de las seis últimas finales me pone como figura de la modalidad. Pero reconozco que hay mucho nivel de juego y otros campeonatos de parejas en los que tampoco estoy reinando. Hay que ser un poco humildes.

¿Es difícil llevar el peso de ser el mejor?

-Sí. La verdad es que durante el año quizá sí que se te miran un poco más, sobre todo los rivales suelen jugar más motivados contra ti. Pero es una responsabilidad bonita y, dentro de lo que puedo, aporto mi granito de arena e intento ayudar y apoyar a los jóvenes.

Habiendo superado a una leyenda como Matxin II, ¿ve posible alcanzar las 11 txapelas de Koteto y convertirse en el mejor de todos los tiempos?

-Eso lo veo ya improbable, impensable tanto por la edad como por lo deportivo. Koteto es el remontista más grande de la historia y nadie podrá igualar lo que él ha hecho, sus once txapelas.

¿No es obsesión entonces el récord de Koteto?

-No, no, para nada. Ganar cinco txapelas ya era impensable para mí y esto es un regalo. Empezar a jugar tarde al remonte y conseguir todo esto es impresionante. Estoy muy satisfecho, pero no pienso en récords.

De las cinco txapelas, ¿la última es siempre la que mejor sabe?

-Esta sabe especialmente bien. Quizás por lo bonito que es que sea la quinta, pero además antes del torneo tuve varios problemas físicos que casi me impidieron poder jugarlo. Pero, bueno, quizás la primera es la que más subidón te da.

¿Cuál es el secreto para mantenerse en la cima de forma tan regular?

-Soy muy cabezón, muy perseverante, y me gusta ir trabajando poco a poco durante todo el año. El individual es mi torneo favorito por los rivales y por la repercusión que tiene, y durante todo el año me he ido marcando la meta de mejorar el saque. No ha sido un entrenamiento de unas semanas antes. He ido haciendo días sueltos saques y poco a poco he ido mejorando facetas que me hacen un pelotari más completo. Al final, en una modalidad como el mano a mano, es muy importante manejar todas las facetas, tanto el rebote, el saque, defensa, ataque y demás. Poco a poco he ido puliendo detalles que me hacen estar donde estoy.

¿Hasta qué punto pudo hacer peligrar la txapela la lesión que sufrió antes del campeonato?

-Hizo peligrar sobre todo mi participación en el torneo. El primer partido lo jugué desatendiendo los consejos de los fisios y médicos que me decían que era un poco arriesgado. Me ponían en una situación difícil: arriesgar y jugar. Finalmente, pude sacar el partido adelante y eso me dio confianza para el resto del torneo.

¿Los once tantos de diferencia en la final son reflejo de la distancia con Uterga o son engañosos?

-Son engañosos. La verdad es que el partido fue muy duro. Hasta el tanto 20 hubo muchísima igualdad y luego sí que es verdad que conseguí una racha, una tacada final y me escapé, pero fue más duro de lo que dice el marcador y, como cualquier otra final, hay mucha tensión, mucho desgaste físico, y no fue una final perfecta en lo técnico, pero, al final, lo importante es ganar.

¿A qué se refiere?

-Que en ataque no estuve acertado. No estuve cómodo porque la tensión no me permitió hacer jugadas adelante. Le pongo ese pero.

¿Fue su gran saque el que le dio la txapela entonces?

-Quizás sí. Mi punto fuerte siempre han sido los recursos, la defensa, tratar que el rival de un pelotazo más, y esta vez le he añadido el saque. He estado muy acertado durante todo el torneo y ha sido clave porque, al no estar tan bien con el peloteo, hacer buenos saques durante la final me permitió estar casi todo el tiempo por delante y jugar más tranquilo.

¿El cansancio de Uterga le puso la victoria en bandeja?

-Fue otra de las claves. Estos partidos, con la tensión y el desgaste físico que llevamos, se rompen para uno de los lados. Al pasar del tanto 20, él se vino un poco abajo. Acerté al sacar y los peloteos cayeron para mí.

¿Le recuerda cada txapela el buen consejo de Arzelus que le hizo cambiarse al remonte?

-Él ha sido una persona muy importante en toda mi carrera deportiva y me ha influido mucho en positivo. Fue una de las personas que me animó a empezar algo que entonces era una aventura de un año y mira, aquí estamos, celebrando la quinta txapela. Está claro que acertamos.

Si cuando debutó de forma tardía alguien le hubiera dicho que iba a lograr cinco txapelas, ¿lo hubiera tachado de loco?

-(Risas) Era algo impensable. Había un cuadro de remontistas impresionante y muchísimo nivel. Yo me conformaba con devolver la confianza que habían depositado en mí y hacer un buen papel, pero no me veía ganando tantas txapelas.

¿Si hubiera debutado antes de los 27, podría haber alcanzado ya a Koteto?

-Ese es el típico comentario que te hace la gente, pero si hubiera empezado antes, me habría cruzado con el mejor Koteto, que para mí es el pelotari más grande de la historia, y seguramente no lo habría tenido fácil. Lo que sí me da pena es no haber empezado a jugar siendo más pequeño, porque en la parte técnica hay remontistas que son superiores a mí, pero estoy muy satisfecho con lo que he conseguido como remontista y palista. Todo no se puede en la vida.

¿En qué lugar pone al remonte que su mayor referente no pueda vivir de sus victorias y tenga que trabajar como ingeniero?

-Es la situación que hay desgraciadamente en el deporte profesional, no solo en el remonte. El deporte se ha visto comido y monopolizado por el fútbol. La pelota goza de más salud, pero me consta que no están pasando sus mejores años. Es más culpa del nivel social que del deporte en general, de la gerencia del remonte en sí. Es una pena, pero somos unos privilegiados. Hacemos lo que nos gusta y, aunque no nos ganamos la vida, sacar un pequeño rendimiento es suficiente.

¿Qué le parece el cambio de pasar del frontón largo al corto?

-Es un acierto. Hubo años de bonanza en Galarreta y en el Euskal Jai, donde el frontón se llenaba y el público acudía, pero esto ya no ocurre. Está claro que si el público no viene, hay que ir a buscarlo y en ese sentido el frontón corto te permite ir a muchísimas localidades. Por ejemplo, este año estamos haciendo un circuito por diferentes ciudades a nivel nacional y eso hace que la gente de otros sitios pueda vivir el remonte por primera vez.

¿La promoción es una de las claves para que resurja el remonte?

-Una de ellas sí, pero hay mucho trabajo detrás. Lo más importante es que haya una buena escuela de remonte, que haya chicos y chicas que jueguen a la modalidad y le den vida. Es muy importante que a nivel profesional goce de buena salud para que los jóvenes tengan una referencia. Es un cúmulo de cosas, porque también a nivel de turismo se está tratando muy bien en Galarreta, además de en Donostia. Se están haciendo bien las cosas y espero que se puedan ver resultados.

¿Cómo ve a quienes están empezando?

-Está saliendo una buena hornada de remontistas y alguno de ellos con muchísima proyección. Yo les diría que trabajen, que sean constantes, que luchen día a día por ir mejorando, porque un día hace diez años un palista que no tenía ni idea de remonte empezó a entrenar y poco a poco ha llegado aquí.

¿Cambiaría sus cinco txapelas por que el remonte fuera más importante?

-Quizás sí. Ojalá el remonte tuviera muchísima más repercusión, mejor salud económica y todos pudiéramos dedicarnos al 100%. Ganar txapelas es muy bonito, pero también lo es ganarte la vida con lo que haces.