Desde la Avenida de Tolosa

El gato de Botero

Por Adolfo Roldán - Jueves, 14 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h.

El Ayuntamiento de Barcelona compró la escultura de El gato al escultor colombiano Fernando Botero en 1987. Durante 16 años estuvo callejeando, primero en el parque de la Ciutadella (junto al Zoo), luego en el Estadio Olímpico (Montjüic), más tarde en los jardines Baluard (Blanquerna), y desde 2003 en la Rambla del Raval, 74. Sigue siendo un morrongo de bronce, de estructura rechoncha, cara infantil, bigotes incipientes, ojos saltones y larga cola, que sirve de tobogán para los niños. Hoy, 30 años después de su llegada a la Ciudad Condal, se le nota la edad, el cansancio y las noches al raso. Pero con el último traspaso ha rejuvenecido y hoy El gato de Botero es un símbolo de la Barcelona actual. Incluso si se fuerza la imaginación se podría identificar el mapa de Catalunya como un gran gato enrollado en su canastilla. Es un pueblo con más vidas que siete, y aunque se las arranquen una a una, le volverán a crecer y nunca renunciará a sus reivindicaciones. Nadie puede negar a los catalanes su derecho a decidir, ni prohibir el uso del voto y de la palabra. Incluso el Constitucional no ha declarado el referéndum ilegal, simplemente ha suspendido la ley como medida cautelar y política. No me parece ético que se presione a unos alcaldes para que cedan espacios donde votar, pero mucho menos que se les impute y se les amenace con cárcel si hacen lo contrario. No hay que olvidar lo que dijo Rajoy con aquella frase lapidaria y estrambótica en diciembre de 2015 sobre un banco de Benavente (Zamora) “Es el vecino el que elige al alcalde y es el alcalde el que quiere que sean los vecinos el alcalde”. No sé si lo que pretendió decir es que el alcalde es el primer y el último vecino y que representa a su municipio. Si esa fue su intención, que se aplique el cuento y que ordene al fiscal retirar la orden de detención. Harían bien los políticos del 1-O y como los del O-1, en abandonar el juego sucio, cada vez más abundante, y escuchar a la ciudadanía. El diálogo sigue siendo la fórmula para que los dos bandos lleguen al entendimiento.