Puñaladas a corazón abierto

Una Real valiente acaba cayendo ante el Valencia al aceptar una peligrosa ruleta cuando no tenía físico para soportar una prueba tan exigente

MIKEL RECALDE - Lunes, 25 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h.

Dos días más de descanso cuando uno de los equipos ha jugado solo 72 horas antes es desvirtuar la competición. Cualquier análisis que se haga del encuentro de ayer deberá partir de esa premisa. Si no se hace, simplemente no será un diagnóstico justo y objetivo. La Real acabó el encuentro con diez jugadores por la rigurosa expulsión de Zubeldia, que había actuado de central. Con Illarramendi y Aritz Elustondo, medio mareado por cierto, en el eje de la defensa y sin referencia arriba. Con eso queda todo dicho.

Era un equipo completamente patas arribas jugándose a la ruleta todos sus ahorros después de recuperar una buena suma de dinero, que había perdido antes con una valiente apuesta de doble o nada. Y lo cierto es que logró igualar en dos ocasiones el marcador con un carácter y una personalidad que echamos muchas veces en falta el curso pasado, en el que le costaba un mundo intentar remontar el marcador después de que sus adversarios se adelantaran.

Una puñalada en el centro de su enorme corazón, que le asestó el mejor futbolista del duelo con diferencia, Gonzalo Guedes, cuando apenas le quedaban latidos por su sobreesfuerzo, acabó por costarle una derrota de la que, esta vez sí y no como contra el Real Madrid, se pueden extraer bastantes conclusiones positivas. La principal de ellas es que la comunión con su gente se encuentra en un punto álgido y cuando eso sucede en un club como la Real se puede soñar con proezas de altura. Por mucho que la herida de los tres partidos de esta semana permanezca abierta y sin coser.

Dos circunstancias dignas de ser destacadas porque tuvieron un peso decisivo en el desenlace de la contienda. La primera es que, una vez más, quedó de manifiesto lo fácil que es arbitrar a la Real. Lo sencillo que resulta amonestar a uno de sus jugadores. Lo cómodo que se pita cuando tienes una pista de atletismo. Jaime Latre es de los trencillas considerados en los despachos blanquizules como de los caseros. Hasta que llega a Anoeta. Ayer expulsó con una facilidad insultante a Zubeldia cuando solo cometió dos faltas en el encuentro. Vale, con un poco más de experiencia, hubiese evitado el arriesgado intento de tijereta con Gayá excesivamente encima. Y, pese a que se la pudo haber ahorrado como ha hecho muchas otras veces con otros locales -salvo que tenga ojos en la nuca-, la primera amarilla es más que discutible. No vio a Rodrigo que le acechó por detrás y provocó el choque. Más de lo mismo. No es algo que nos pueda sorprender.

Y la segunda es que, como sucediera en el Ciutat de Valencia, Eusebio, cuya principal virtud es atinar con sus elecciones, no estuvo fino con los cambios. Tras el 2-2, con igualdad numérica en el campo y el cansancio que acumulaban los suyos, parecía un buen momento para protegerse más y dar por bueno el empate a expensas de que Januzaj consiguiera regatearse a cinco o seis, como algún día tiene pinta de que hará, y llevarse la victoria. Esta vez arriesgó en exceso y lo pagó con un sopapo de los que suenan y escuecen.

No era un partido fácil para la Real. Los blanquiazules se presentaron a la cita condicionados por las bajas, centradas en el eje de la zaga con la ausencia de tres de sus cuatro centrales, y con el peso que conlleva acumular dos derrotas seguidas. Eusebio volvió a mostrarse valiente y convencido en sus ideales. Anunciado incluso en la rueda de prensa anterior, situó a Zubeldia como central, una opción que ya manejaba y trabajaba el curso pasado entre semana en Zubieta, aparentemente porque no era capaz de encontrarle hueco en el equipo al azkoitiarra, cuyo perfil es el mismo que el del intocable Illarra. Una de sus misiones venideras será encontrar la compatibilidad entre los dos últimos productos de la prolífica factoría de mediocentros txuri-urdin. En el resto, destacó la entrada de Mikel Oyarzabal, un futbolista vital en este equipo por su velocidad y trabajo sin escatimar esfuerzos en la banda. Su lesión era un golpe fuerte tras un choque con un estonio, por lo que cuando cesó el dolor, su entrada era más que previsible. Más sorprendente fue la suplencia de Januzaj. El técnico todavía no acaba de confiar en el belga, al que todavía considera excesivamente individualista para integrarse en el fútbol de toque que pregona.

La Real compareció en un duelo de los considerados clave frente a un adversario directo de entidad, en pleno crecimiento y que disponía de dos días de descanso más, con ocho canteranos en su once. Todos menos el portero, Willian José y Juanmi. Un dato que, sin duda, merece un reconocimiento que no encontrará fuera de Gipuzkoa. Algo a lo que estamos acostumbrados.

No se puede decir que los donostiarras compitieran mal en la primera parte. Estuvieron dentro del encuentro frente a un gran Valencia, ante el que nunca pudieron imponer su habitual control de la posesión. El principal problema fue que, sin ese dominio, cada contra made in Marcelino de los che silenciaba de manera angustiosa Anoeta.

contrasA los cinco minutos, los laterales derechos de ambos equipos, Odriozola y Nacho Vidal, ya había alcanzado la línea de fondo rival dentro del área sin que sus centros encontraran rematador. La primera gran opción visitante llegó en un contragolpe vertiginoso de los levantinos, que pudieron y debieron parar en falta los guipuzcoanos y que concluyó con un centro de Zaza al que no llegó Rodrigo. En partidos así, frente a este tipo de adversarios replegados, con el cuchillo escondido y siempre preparado para matar, se echa en falta mucho las faltas tácticas para frenar las contras en sus orígenes, cuando aún no se adivina tanto peligro como en posiciones más adelantadas. Un defecto que acusan en exceso los realistas. Aunque visto lo poco que le respetan los colegiados...

Tras el primer remate txuri-urdin, en una peinada de Xabi Prieto, llegó el primer tanto de los de Marcelino. Apoyados en un rebote y con Aritz Elustondo desplazado, Guedes rompió a la zaga local como un cuchillo en la mantequilla y, después de sortear la desesperada salida de Rulli, su disparo en semifallo lo empujó a la red Rodrigo.

La Real reaccionó rápido. Willian José optó por lanzar a romper un mano a mano con Domenech, quien rechazó su disparo;y poco después un córner de Oyarzabal lo cabeceó Aritz a la red. Pese a no ser muy alto, ha demostrado en demasiadas ocasiones que se trata de una de sus grandes virtudes por cómo va a la caza del balón. Antes del descanso ambos conjuntos siguieron repartiéndose golpes, con más peligro de los visitantes.

En la reanudación, Eusebio recurrió a Januzaj en lugar de Juanmi. El belga confirmó su excepcional clase y talento, aunque todavía parezca demasiado desconectado del juego del equipo. Willian cabeceó fuera un centro de Oyarzabal;y, pocos segundos después, Soler, otro gran futbolista, encontró un desierto entre líneas para servir a Nacho Vidal, que definió como Bale siete días antes ante otra floja salida de Rulli. Una vez más, los blanquiazules volvieron a ponerse en pie con celeridad y después de una acción heroica de Kevin, al tercer intento, sirvió un buen balón a Oyarzabal, quien cruzó a la red con un chut letal. De los que deberíamos ver mucho más por parte de ese cañón.

Cuando Anoeta volvía a creer en el triunfo, se produjo la expulsión de Zubeldia. Perro viejo, consciente de su superioridad física, Marcelino introdujo los tres cambios para buscar el triunfo. Guedes estuvo cerca de adelantar a los suyos. En un último acto de valor, la Real provocó la clara segunda tarjeta de Kondogbia. Cuando el duelo se niveló, sin tener la suficiente calma para analizar los daños y perjuicios, Gabriel Paulista puso un servicio en largo a Guedes, cuyo centro lo aprovechó Zaza. En el descuento, Rubén Pardo rozó la escuadra con un lejano disparo.

Tres derrotas. Tres. Y en una semana. Cuando nos las prometíamos más que felices. Y un partido más ante un adversario de categoría que la Real, sea por lo que sea, no logra sacar adelante. Los blanquiazules necesitan un curso rápido de adaptación al frenético ritmo europeo. Por ahora, la conclusión parece clara. Carece de nivel para soportar las tres citas por semana. Esperemos que cuando recupere a todos sus efectivos, la cosa cambie por completo. Seguimos a la espera.