Félix Viscarret

“Me atraía revisitar las obras maestras de Saura, pero también entender quién es esa persona”

El director navarro ha estrenado en el Zinemaldia ‘Saura(s)’, un documental en el que se acerca a Carlos Saura a través de conversaciones con sus hijos

Ana Jiménez - Miércoles, 27 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h.

donostia- Como un reto y una forma de poner las cosas en su sitio. Así se enfrentó Félix Viscarret (Pamplona, 1975) a la grabación de Saura(s), el documental donde se acerca al cineasta e histórico referente Carlos Saura. Las conversaciones entre el director aragonés y sus siete hijos son el hilo conductor que ha empleado Viscarret para construir un retrato humano que se estrenó el pasado fin de semana en la sección Zabaltegi-Tabakalera.

Saura(s) nace bajo el paraguas de Cineastas Contados, un proyecto que supone un homenaje a grandes maestros del cine estatales. ¿Qué le atrajo de esta iniciativa?

-Me parecía una forma de hacer justicia. Creo que vivimos en un mundo en el que con facilidad pensamos en una sociedad donde todos somos muy competitivos e individualistas. En el mundo del cine parece que cada director va por libre y ha salido de la nada. Me parecía que era justo poner las cosas en su sitio y reconocer cuánto hemos aprendido de otros directores que están en activo.

De entre todas las posibilidades, ¿por qué Carlos Saura?

-Sentí que tenía muchas ganas de volverme a acercar al cine de Saura. En ese proceso también me di cuenta de que se conoce poco de la persona, y no había cosa que me pudiera parecer más atractiva.

¿Cómo ha sido el reto de enfrentarse al retrato de un director del que tanto se ha escrito y documentado?

-Cuando los directores nos enfrentamos a un proyecto, hay una parte temeraria de querer hacer que a esa película se la reconozca por algo muy distinto a las anteriores. Es osado pero necesario para encarar cada reto. En este caso, tenía la dificultad de todo lo que se había escrito y filmado sobre el cine de Saura. Y en Saura(s) el enfoque es atractivo y diferente, porque nos acercamos a él precisamente para hablar del legado y del paso del tiempo, pero lo hacemos a través de sus siete hijos. Me resultaba fascinante cómo una persona podía compaginar más de 40 películas y seguir en activo, con el hecho de tener siete hijos de cuatro matrimonios diferentes. Quería saber cuál era la formula que lleva ese equilibrio.

De ahí la (s) del Saura en el título...

-El título homenajea no solo al genio, sino a toda la familia que está detrás de un genio que se ha dedicado en cuerpo y alma a su vocación, pero que también, no olvidemos, ha mantenido el equilibrio con esa familia tan particular y emblemática. Antes de conocer a Saura intuía que era una proeza cómo compaginaba su vocación y familia. Entre su hijo mayor y su hija más joven hay una distancia generacional importante, y de algún modo, muchos de sus hijos se dedican al cine o están relacionados con la industria audiovisual. Por eso es una familia emblemática, refleja muchas generaciones de la historia de este país y también se podría hablar con ellos de toda la evolución de nuestra historia cinematográfica.

La sinopsis plantea que a Saura no le gusta hablar del pasado, pero hay un duelo con Viscarret, que insiste en que se deje filmar. ¿Qué papel juega en el documental?

-Hay una cosa muy divertida que aquí podrá ver el espectador y es cómo los directores nos hacemos un planteamiento a priori, vamos con nuestros sueños y planes, y luego la realidad es otra cosa. Retratar la vida íntima a través de sus hijos era mi planteamiento, pero tuve que adecuarme también a la realidad, a que la vida no entiende de planes preconcebidos. En este caso, el humor de Saura y su actitud para involucrarme a mí, para meterme dentro, establecer bromas y diálogos entre él y yo, hizo que yo entrara también a jugar, probablemente como un hijo más.

Si como reza el cartel “en el cine todo es mentira”, ¿cuál es la verdad de Saura(s)?

-Es un documental que quien lo vea, sacará sus conclusiones, no solo de las obras maestras de Saura, sino sobre la paternidad, sobre cómo encaramos el paso del tiempo, cómo lidiamos con la nostalgia... En ese sentido, como dice, efectivamente todo es mentira, y lo bonito del documental es que cada uno va a trabajar sobre su propio camino. No vendemos una realidad, ni dónde está el bien ni el mal, o la formula mágica para compaginar tu apasionante vocación y tu familia. Cada ser humano colocamos ese equilibrio no ya donde sabemos, yo diría que donde podemos, y ahí está esa magia y encanto especial del documental.

¿Opina que actualmente se valora a Carlos Saura como se debería dentro del mundo del cine estatal, o se ha ido olvidando su figura?

-A día de hoy, no solo hablo de mi caso, puedo decir que en conversaciones y entrevistas he visto que directores cómo J.A. Bayona, Alberto Rodríguez o Sorogoyen, directores de mi generación o más jóvenes, citaban al Saura de La Caza, al Saura de Deprisa, deprisa... Y me parecía muy bonito que estuviéramos devolviéndole a este gran maestro todo lo que nos ha regalado, pero que además lo estemos haciendo cuando él esta en activo.

Con el proyecto finalizado, ¿cuál es la opinión de Saura?

-Él es aragonés y yo digo que el pudor aragonés se parece mucho al navarro, así que podía entender que cuando Saura se enfrentase a esta hora y media pudiese haber una parte pudorosa en él que iba a ser difícil. Pero creo que ha visto que en el retrato hay tanta humanidad, hacia él y sus hijos... Que está muy mal que lo diga yo, pero la primera reacción de Carlos Saura ha sido reírse y decirme que, por un lado, se ha gustado más como actor que lo que él esperaba, ver lo bien que funciona en cámara y lo bien que funciona su humor y humanidad. Pero también diría que él ha sido plenamente consciente de que es un retrato con sus luces y con sus sombras.