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La incineradora ya es visible

Se alzan los primeros muros en la explanada de Arzabaleta, que acogerá la planta de valorización y la de tratamiento mecánico biológico en la primera fase del Complejo Medioambiental de Zubieta

A.U. Soto - Sábado, 4 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h.

Donostia- La incineradora que en 2019 permitirá a Gipuzkoa cerrar el ciclo del tratamiento de los residuos urbanos ya está tomando cuerpo. Las obras marchan a buen ritmo y la edificación de las primeras naves ya ha comenzado, tal y como se puede comprobar en la imagen que acompaña este artículo. Si todo va bien, el Complejo Medioambiental de Gipuzkoa, que incluye la planta de revalorización energética, otra de tratamiento mecánico biológico (TMB), una tercera de biometanización y, por último, la planta de valorización de escorias procedentes de la incineración, estará en marcha para el final de la legislatura.

El avance de estas obras no es baladí, puesto que la gestión de la basura en este territorio ha sido fuente de polémicas continuas durante años, no solo en el ámbito político, sino también en el ciudadano.

Pero tras años de debate, enfrentamientos y retrasos, la solución definitiva está cada vez más cerca. La planta incineradora, el edificio más polémico pero también el de más calado del complejo ubicado en el alto de Zubieta, ya ha sentado sus bases, al igual que la planta de tratamiento de mecánico biológico. Ambas forman parte de la primera fase del complejo y se ubican en una parcela de 32 hectáreas dentro del área industrial de Arzabaleta, que también contempla otras instalaciones auxiliares, así como un centro de interpretación ambiental.

Las obras de esta primera fase arrancaron en mayo, y ya entonces se preveía que en septiembre comenzara la construcción de las primeras naves, de modo que a finales de año fueran ya visibles.

La imagen de esta noticia confirma las previsiones del departamento que dirige José Ignacio Asensio. Y, precisamente, los primeros muros se alzan justamente donde se ubican las diferentes áreas de la planta incineradora, integradas por un foso de residuos, los hornos con dos líneas de incineración completas, un sistema de depuración de gases, un ciclo de agua vapor y generación de energía y una planta de acondicionamiento de cenizas. Todo esto se completa con las instalaciones auxiliares, entre las que destaca la planta de embalado y el almacén temporal de balas.

En esta misma parcela, pero a la derecha de la imagen, se ubicará la otra planta, la de tratamiento mecánico biológico, que tiene como objeto acondicionar el residuo, es decir, recuperar cualquier material reciclable antes de que sea incinerado.

Toda esta parte del complejo tiene una capacidad de tratamiento de más de 200.000 toneladas de residuos al año.

La segunda fase del complejo ya está también en marcha, en cuanto a la tramitación se refiere, puesto que la asamblea de GHK dio en septiembre el visto bueno al proyecto para construir la planta de biometanización que convertirá la basura orgánica en biogás y la nave de maduración de escorias de la que se obtendrán los áridos reciclados de los restos sólidos procedentes de la incineradora.

Estas infraestructuras se situarán en el polígono de Eskuzaitzeta, sobre una parcela de 32.000 metros cuadrados, a unos 300 metros de la incineradora, y conectada con el área de Arzabaleta por una carretera.

En esta fase, cuyas obras se prevén que comiencen en mayo de 2018, GHK repetirá el modelo elegido para financiar la construcción de la incineradora, en la que una sociedad privada -la UTE liderada por Urbaser, en el caso de la primera fase- se encarga de la inversión que suponen las obras a cambio un canon anual que recibirá de la Administración pública una vez se ponga en marcha el complejo.

Más de seis años han pasado desde que se colocó la primera piedra de las obras de una incineradora que, en este tiempo, ha sufrido todo tipo de vaivenes. Con el cambio de siglas en el Gobierno foral durante la pasada legislatura, la ejecución de este complejo vivió sus momentos críticos, puesto que los trabajos se paralizaron de manera definitiva. Una decisión que, en la actualidad, ha supuesto a sus responsables, Ainhoa Intxaurrandieta e Iñaki Errazkin (Bildu), por aquel entonces presidenta y vicepresidente de Gipuzkoako Hondakinen Kontsortzioa (GHK), una demanda ante los tribunales por la que se les reclama los 40 millones que supuso desechar el proyecto.

Este complejo, que ha superado diversos recursos judiciales de toda índole, se pasó años mostrando una única imagen: una explanada abandonada donde se habían llevado a cabo los primeros movimientos de tierras, pero en la que parecía que la vegetación se volvería a abrir paso sin remedio. Pero hoy, como muestra esta imagen, la apuesta por su ejecución es definitiva, pues ya se alzan los cimientos del que será el futuro Complejo Medioambiental de Gipuzkoa.