Iraitz Arrospide atleta

“Quizás valgan más mis 2h18 en maratón, pero yo me quedo con esta Behobia”

Ingeniero. 29 años. Residente en Sheffield. De Villabona. Es el primer guipuzcoano de la década en pisar el podio de la Behobia. Anteayer fue tercero, con 1h02:37

Marco Rodrigo - Martes, 14 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h.

Donostia- Más que por la carrera y por su tercera plaza, quería empezar preguntándole por las horas posteriores a la prueba. ¿Cómo fueron?

-Tras la entrega de premios, nos fuimos a comer a la sidrería familiar: Gaztañaga, en Andoain. No quise coger el teléfono hasta que no saliésemos de allí, porque de vez en cuando lo miraba de reojo y tenía un montón de mensajes y de llamadas. Luego, a media tarde, en el coche, ya de camino a Bilbao, respondí a todas las felicitaciones que pude.

Reside en Sheffield, y regresó a casa el mismo domingo.

-Eso es. Nuestro vuelo desde Loiu estaba programado para las nueve y media de la noche. Pero salió con retraso. Entre que aterrizamos en Manchester y completamos el viaje por carretera, a mi mujer y a mí nos dieron las tres de la madrugada. Y hoy (por ayer) el despertador ha sonado a las seis.

No se ha librado del trabajo ni el día después de ser tercero en la Behobia...

-Qué va, qué va. Ha tocado currar y no pasa absolutamente nada. Independientemente de mis resultados, yo me sigo considerando un atleta popular.

¿Cómo es para usted un día normal por tierras inglesas?

-El inicio de la jornada ya te lo he adelantado. Me levanto todos los días a las seis y voy a trabajar en tren. El trayecto es de una hora larga. Termino a las cuatro y regreso a Sheffield, otra vez en tren. Y hacia las seis de la tarde llevo a cabo mis entrenamientos. En un rato (Arrospide atendió ayer a NOTICIAS DE GIPUZKOA volviendo a casa en tren) saldré a hacer un rodaje suave de en torno a 25 minutos.

¿Ya es consciente de lo logrado?

-Creo que todavía no. Si es que no he tenido ni tiempo de pararme a pensar un poco. Tras la carrera coincidí con Martín Fiz, que me decía que la marca de 2h18 que logré en septiembre en el Maratón de Berlín tiene mucho más valor que el podio de la Behobia. Yo, en cambio, no sé qué decirte... Puede que desde un punto de vista meramente deportivo sea él quien tenga la razón. Pero el componente emocional también juega su papel. Y para mí lo vivido el domingo resulta más importante que lo de Alemania.

Se emocionó nada más llegar.

-En el sprint final saqué bastante ventaja respecto a Jaume Leiva, que fue cuarto, pero en ningún momento fui consciente de ello. No quise mirar atrás. Solo apreté y apreté. Cuando llegué y vi que no me había adelantado, me emocioné. Y cuando vi luego a mi madre y a mi mujer me puse a llorar como un niño.

Cuéntenos cómo fue su carrera. Solo pudimos ver la mitad, hasta que Castillejo y Camilo Santiago se marcharon en Gaintxurizketa.

-Los últimos metros antes de coronar fueron lentos. De hecho, hasta me tocó a mí encabezar el grupo por momentos. Nadie quería hacerlo y ahí que me puse, aunque sin tirar ni acelerar en ningún momento. Ya casi arriba, Carles pegó un cambio fuerte y se llevó con él a Camilo. Para mí era imposible seguirles. Vi que Jaume Leiva se quedaba y pensé que podía ser una buena compañía.

Compartieron muchos kilómetros. ¿Cómo se desarrolló esa lucha por la tercera plaza?

-Creo que Jaume no tiró la toalla en primera instancia. Bajando Gaintxurizketa, me dio la sensación de que estaba intentando cerrar el hueco con Castillejo y Camilo. Pero enseguida se vio que eso no iba a resultar posible.

¿Y después?

-Pues si de ahí a Miracruz no me cambió de ritmo quince veces, no me cambió ninguna (risas). Se centró en intentar soltarme. Resistir los primeros dos o tres intentos se me hizo muy duro. Eran acelerones de entre 200 y 300 metros para tratar de dejarme atrás. Y luego bajaba la velocidad. Aguantar esos ataques iniciales me dio mucha confianza. A partir de entonces, yo ya era consciente de que tocaba apretar los dientes un rato, y de que luego iba a poder recuperar. Así fuimos hasta Miracruz. Subimos en paralelo, a un ritmo bastante cómodo.

¿Usted solo lo intentó en los metros finales?

-No. Nada más empezar a bajar hacia Ategorrieta le cambié yo a él. Pero únicamente lo intenté entonces. Una vez que nos juntamos de nuevo, creo que los dos fuimos conscientes de que nos la jugaríamos al final. Y afortunadamente pude ser más rápido que él en el Boulevard. Al terminar pedí perdón a Jaume, porque en ningún momento asumí la responsabilidad de tirar. Él lo aceptó con mucha deportividad. Dio por buenas mis excusas y me dijo que simplemente había jugado mi papel en carrera.

¿De dónde ha salido Iraitz Arrospide? Se lo pregunta mucha gente.

-Hasta hace unos años me dedicaba a la natación. Y cuando lo dejé, seguí haciendo deporte. Corrí varias Behobias (1h11:29 era su mejor marca) y medias maratones. Luego, una vez que me vine a trabajar a Sheffield, tuve una época larga durante la que solo hacía fitness, trabajo aeróbico dentro de un gimnasio. Fue una etapa que me vino bien para desarrollar la fuerza.

¿Y cuándo empezó a correr y a entrenar como lo hace ahora?

-Hace dos veranos. En el de 2015. Comencé apuntándome a lo que aquí en Inglaterra se conoce como carreras de parque. Las hay todos los sábados. Son pruebas de cinco kilómetros en las que no hace falta ni inscribirse. Vas y corres. Cada vez lo hacía mejor y me animé a participar en una competición de 10.000 metros en ruta, que completé en 33:33. Me motivé y fui a por una media maratón, en la que terminé de convencerme. Acabé en 1h11 y me dije: Si ahora que no entreno con fundamento hago estas marcas, trabajando de otra manera andaré muy bien.

¿Y qué hizo?

-Me puse en contacto con uno de los clubes atléticos de la ciudad, el City of Sheffield, y con su técnico John Wood. Enseguida empecé a entrenar con ellos. Hay cuatro días de la semana en los que me ejercito por mi cuenta, siguiendo sus pautas. Y otros dos en los que lo hago junto a su grupo. Es curioso, porque yo soy el único fondista. Todos mis compañeros son mediofondistas. Y con ellos empecé a preparar mi primer maratón, el de Londres (2016).

Debutó con un registro de 2h24:51, y en año y medio ya le ha recortado más de seis minutos a la plusmarca.

-Estoy muy contento con mi trayectoria en el maratón, aunque de momento solo pienso en la Media de Donostia, de dentro de doce días. Ejerceré de liebre del grupo cabecero de africanos que completarán los 42 kilómetros. Pero se me hará duro, porque piden un paso intermedio de 1h05. Desde la organización, eso sí, me han dado la tranquilidad de proponerme que, si no puedo seguir ese ritmo, espere para ayudar a Pedro Nimo.

¿Descarta asaltar la mínima mundialista de 1h04:30?

-De eso también me han hablado los gestores del maratón, de que si me siento bien puedo tirar para adelante e intentarlo. Pero yo no lo veo muy claro. El propio Jaume Leiva hizo 1h05:14 en Valencia hace tres semanas. No sé. Quizás yo pueda rondar 1h05. Pero a partir de ahí... A estos ritmos, cada segundo cuesta un mundo. Y ya llevo mucha tralla acumulada...

¿Correrá un maratón en primavera?

-Esa es la idea. Mi mujer Leire está embarazada y sale de cuentas el 10 de marzo. Será niño y se llamará Unax. Se trata de algo que tengo muy en cuenta, y que quizás me haga optar por correr en Sevilla en febrero, aunque puede ser demasiado pronto. Si lo dejo para más tarde, ahí están Londres o Rotterdam, ya en abril. Lo que sí tengo claro es que buscaré un circuito rápido.