Desde la Avenida de Tolosa

Aberración periodística

Por Adolfo Roldán - Martes, 14 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h.

Aberración periodística es un escalón superior en la repugnante escalera de la manipulación. Suele crecer y cultivarse en los poderosos despachos y plantas nobles de los grandes entes mediáticos que frecuentan, alternan y complacen al gobierno de turno. Aberración es también usurpar instrumentos o creaciones artísticas para enmascarar intereses mezquinos. Corría el año 1973, el director de cine William Friedkin concluía El exorcista, una de las películas más importantes del cine de terror y la novena más taquillera de la historia. Todo había salido perfecto, especialmente las escenas en las que la niña Regan MacNeil interpreta la posesión de Linda Blair. Solo faltaba la banda sonora. Friedkin se la encargó a dos maestros, Bernard Herrmann y Lalo Schifrin, pero sus creaciones no le convencieron. Un día escuchó Tubular Bells, composición de Mike Oldfield. El cineasta al oír los primeros compases dio un salto y gritó: “Es esta”. Desde entonces, se han hecho 20 millones de copias de una de las obras musicales más admiradas. Hoy como ayer sigue inquietando a medio mundo. El martilleo melódico, repetitivo, empuja y sumerge al auditorio en un torbellino alocado. El ritmo se detiene de pronto con acordes disonantes y entonces, el piano, el órgano, la flauta, las campanas tubulares y las guitarras acústicas provocan un enorme escalofrío. Es una composición que ya forma parte del acervo musical de la humanidad. Pues bien, un genio del periodismo hispano, directivo de Informe Semanal, espacio de la cadena pública TVE, ha tenido la osadía de utilizar esa música para desautorizar la imagen y las declaraciones realizadas por Puigdemont desde Bruselas. El Consejo de Informativos, indignado con el intento burdo de demonizar al president y sus declaraciones, ha pedido explicaciones a a la dirección de TVE. Es una técnica que utilizan varias televisiones con intenciones aviesas y antiinformativas. ¡Qué antiguos! Antes asustaban a la ciudadanía con el demonio. Ahora lo que asusta es la corrupción y la manipulación.