A por ellos

Temporadas a la carta

Por Mikel Recalde - Jueves, 7 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h.

La verdad es que me lo pregunto a menudo. Bueno, más bien, a lo largo de todos estos años en los que perdimos una generación sin que conociese el verdadero sabor de la Copa y en los que, por increíble que parezca, muchos de los que disfrutaron de su grandeza debieron de sufrir un repentino ataque de amnesia que les hizo olvidar todas las páginas gloriosas que, en su día, escribimos en el torneo. Mi pregunta es, ¿qué clase de sensaciones extremas y antagónicas sintieron todos estos realzales de corazón cuando su equipo encajó el tercer gol ante el Lleida? Lo digo porque yo arrastro una rotura de fibras desde hace un par de semanas y me da pavor volver al médico, que me recomendó reposo total hasta la próxima consulta, porque no me quiero ni imaginar la avería que me pude hacer en la zona dañada de la patada que le metí a la silla de al lado cuando vi entrar el cabezazo del ilerdense Bojan.

Me sigue pareciendo terrible que haya tantos aficionados blanquiazules que mantengan con la misma firmeza que la Copa nos sobraba porque no hay plantilla suficiente para afrontar las tres competiciones. Yo, que le doy mucho al coco, me vuelvo a preguntar: ¿no se dan cuenta de que con ese análisis están empequeñeciendo a la Real? Con cada ridículo de ese tipo manchamos nuestro escudo y nos condenamos a ser un conjunto perdedor. ¿Acaso contamos con suficiente nivel como para ir eligiendo a la carta las competiciones en las que podemos hacer algo y en las que no? ¿Nuestra trayectoria en los últimos 30 años, fecha en la que conseguimos el último título de verdad del fútbol vasco, ha sido tan buena como para dispararse en el pie en un torneo precioso como la Copa? Esta gente, a la que por supuesto respeto, como a cualquier aficionado txuri-urdin que piensa diferente a mí, ¿qué creía, que hasta semifinales iba a jugar contra adversarios de 2ª B y que en la final nos íbamos a enfrentar al Numancia de Arrasate?

Es decir, si nos toca el Nápoles o un contrincante de su misma altura en dieciseisavos de la Europa League, imagino que, según ellos, lo más pertinente sería jugar con suplentes ya que tres días después de la ida, por poner un ejemplo, afrontaremos un duelo ante el Levante en Liga donde no se podrá fallar si se pretende acabar entre los seis primeros otra vez. ¡Un momento, esperen, pero para qué queremos regresar a Europa, si luego no podemos disputar competiciones a pleno rendimiento! Mucho mejor acabar el decimosegundo, ahí, en tierra de nadie, el principal motivo, aparte de los horarios infernales, por el que paulatinamente ha ido disminuyendo el número de seguidores en la grada de Anoeta. La falta de emociones fuertes, justo el principal ingrediente que suele acompañar a muchos equipos que se vienen arriba en la Copa.

Lo escribí, ya en frío, unas horas después de la humillación ante el Lleida. La eliminación era un varapalo de consecuencias aún sin determinar. Cuando comienzas a olvidarlo y tratas de volver a ver el vaso medio lleno después de competir en el Wanda (ahí sí, claro, donde les ve todo el mundo) tiene lugar el sorteo. Y, al menos en mi caso, es imposible que no me hierva la sangre. Atlético-Lleida. Qué maravilla de envite, con tantas afrentas por vengar. “No hubiéramos tenido ninguna posibilidad”, me llegó rápido un mensaje al móvil. Oiga, pues que yo recuerde sin pensar en exceso, la Real le bailó al Atlético en el 2-0 del pasado año y el sábado dispuso de muchas ocasiones para poder ser el primer equipo de la Liga que asaltara su nueva guarida. Según los medios locales, ningún visitante había generado tantas oportunidades allí hasta ahora. La frustración que me ha quedado es que no hemos acudido a la cita de la revancha, siempre en términos futbolísticos, contra el Atlético, con el que nos podíamos haber vuelto a enfrentar en tres competiciones, como en aquella maldita campaña 1997-98 en la que nos apearon de la Copa y de Europa y sus ultras asesinaron a Aitor (otra pregunta, soy pesado, lo sé: ¿si nos caen en suerte en cuartos de la Europa League los colchoneros, también sacarán la bandera blanca los que dicen que menos mal que no hemos pasado?). Uno de los lema atléticos es el motivador “nunca dejes de creer”, el nuestro, al parecer para algunos, el cobarde “mejor rendirnos antes que cansarnos”

A mí me da mucha pena. Y rabia. Porque el pasado viernes, cuando viajaba a Madrid, al pasar por Lerma reviví con una nostalgia entrañable el viaje a la final de 1988. La N-I cruzaba por aquel entonces la localidad burgalesa cuya población se encontraba en la calle estupefacta y encantada contemplando el trasiego de automóviles y autobuses teñidos de txuri-urdin.

El mensaje me lo mandó un amigo. Realista de toda la vida. Y es verídico, no piensen que me lo he inventado. “Con el 6-1 de Mallorca me di de baja de socio. Con este 2-3 he decidido no viajar con la Real como pensaba en los cruces en Europa. Ya no me apetece”. Esto es lo verdaderamente grave del ridículo en la Copa. Que cada vez que sucede algo tan fuerte y aunque apenas se note perdemos adeptos a la causa. Que en el fondo, cada vez nos duele menos. Que a las 19.30 horas había muchos niños en Anoeta que se habrán replanteado estos días si no es mejor ser de Messi o de Isco, en lugar de estos realistas que les vendemos que son los nuestros y que, eso quiero creer, sienten tanto a la Real como nosotros los aficionados. La realidad está ahí. Han pinchado uno de los globos más ilusionates y bonitos que habíamos hinchado en mucho tiempo. Hoy vuelven al lugar del crimen. En un duelo atractivo frente a un visitante de enjundia. Millonario, difícil y exigente. A ver, los del menú: ¿Hoy qué toca? ¿Jugar a ganar o a perder como ya hicimos en San Petersburgo? Porque el domingo viene el Málaga. A ver si nos enteramos de una vez, con esa camiseta y ese escudo, es innegociable la especulación. Solo se puede apretar los dientes y salir a muerte en pos de la victoria. De otra más. Porque me niego a reconocer que mi Real se ha o le han convertido en un club perdedor. ¡A por ellos!