Desde la Avenida de Tolosa

La ausencia de Miriam

Por Adolfo Roldán - Jueves, 7 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h.

En el 39º aniversario de la Constitución, que se celebró ayer en el Congreso de los Diputados, no asistieron Iñigo Urkullu, Uxue Barkos, Javier Lambán (Aragón) , Javier Fernández (Asturias), Miguel Ángel Revilla (Cantabria), Francina Armengol (Baleares) y Carles Puigdemont, éste último en Bélgica por fuerza mayor. Hubo otras ausencias de ciudadanos, menos mediáticos, que reclaman la reforma urgente de la Carta Magna, por no sentirse representados, ni amparados en su articulado. Entre ellos, seguramente Miriam Pérez García, una joven cartagenera de 29 años, con un 91% de discapacidad, a la que el Instituto Murciano de Acción Social (IMAS) ha decidido retirar la pensión no contributiva, exigiéndole también que devuelva 11.796,75 euros en el plazo de un mes al considerar que fueron “percibidos indebidamente” desde el 1 de enero de 2016 al 31 de octubre de 2017, al superar en 500 euros los ingresos anuales máximos familiares fijados por el Instituto, según eldiario.es. Un error médico provocó a Miriam al nacer una parálisis cerebral que la dejó con una discapacidad del 91%. Desde hace 15 años ha percibido una pensión no contributiva que ha permitido a su familia costear servicios de fisioterapia, además del pago de medicinas preventivas que no cubre la Seguridad Social. El padre de Miriam ha explicado que la decisión tomada desde la institución pública murciana se debe a que en 2016 él percibió una paga extraordinaria de funcionario que se le debía desde 2012 y de la que no tuvo notificación. A este ingreso extra se le sumó el que provenía del trabajo temporal de su otra hija, “cuyo sueldo va variando y no llega a los 2.600 euros anuales”. Este es el caso de Miriam cuyos derechos se suponen que están protegidos por el artículo 49 de la Constitución, dedicado a los disminuidos físicos, sensoriales y psíquicos. No tengo la menor duda de que la Constitución de 1978 no fue la panacea de entonces, y mucho menos de ahora. Pero estoy convencido de que el principal problema no es el texto, sino la voluntad política de los que mandan.