Donostia decora de rojo la Navidad

Todavía hay clientes que solicitan a los decoradores que engalanen sus hogares estas fechas y otros se las ingenian con un poco de imaginación. Pero hay un denominador común: a los donostiarras no les gustan las estridencias

Un reportaje de Arantxa Lopetegi - Jueves, 7 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h.

Los donostiarras no se arriesgan cuando decoran sus hogares para Navidad, son clásicos y no se atreven con colores de moda o elementos de ornato vanguardistas. Pero les gusta que las viviendas, como las personas, salgan guapas en las numerosas fotografías que se sacan esas jornadas y sean la envidia de todos los invitados.

Son muchos los que, para ello, se encomiendan a Internet y van tomando ejemplos de aquí y allá. Otros se fían de su buen gusto e intuición pero también hay quien se pone en manos de profesionales para que su casa sea la más bonita en Navidad.

Entre estos profesionales se encuentra Mario Echevarría, que ha decorado numerosas viviendas con motivos navideños. El servicio es a la carta y no resulta económico, ya que el cliente, además de pagar el servicio del experto, también debe adquirir los elementos que se utilizan. Por ello, la tarifa puede oscilar entre 500 y 1.500 euros.

Además, adornar un hogar con estilo requiere tiempo. “Es todo un proceso”, asegura Echevarría, que explica que todos los elementos que intervienen en el estilismo de una vivienda en Navidad deben estar coordinados. “He llegado a cambiar unas cortinas para que el conjunto sea armonioso”, añade y puntualiza que en el caso de las cortinas “no se compran”, sino que se alquilan.

“Se atiende mucho a la decoración del hall, la mesa y algún aparador central”, cuenta Echevarría. “Se busca que cuando otros vean la foto piensen que la cena se ha celebrado en un sitio maravilloso”. Cambiar la imagen de la casa por unos días es una tarea que, argumenta, sobre todo asumen familias donde hay niños y aquellas que tienen invitados a los que quieren impresionar.

Echevarría asegura que, aunque se lo piden “mucho”, ya no acepta tantos encargos de este tipo porque debe dedicar mucho tiempo a la ejecución de una propuesta que mime el detalle y en estas fechas el día se le queda corto, dado que se halla inmerso en la decoración de numerosos escaparates en Donostia y otros municipios.

Ana, de Ana Glory decoración, lleva muchos años dedicada a una profesión que le fascina, aunque ya la Navidad no sea esa época en que “a las dos de la madrugada” seguía preparando los abetos que su clientela le reclamaba.

Los donostiarras, asegura, dan mucha importancia a la decoración navideña pero las pequeñas tiendas del sector “no pueden competir” con grandes superficies, caso de los viveros que, además de flores y plantas, en esta época del año ofertan también piezas de ornato varias.

“Adornar una casa con buena decoración es caro”, asegura Ana, que explica que, a diferencia de otros tiempos, en la actualidad son muchos los aprovechan año tras año las mismas piezas, aunque incorporen pequeños detalles. “Han pasado a la historia los años en los que la gente compraba servilletas y servilleteros, copas finas y mantelería para estos días. Se acabaron con la crisis”, asegura.

“He montado árboles para medio San Sebastián”, cuenta Ana. “La gente venía y me decía lo quiero en plata o rojo y yo lo hacía. Una vez incluso una persona llegó y se llevó el abeto que tenía montado en la tienda”. Hoy en día ya casi no ocurre, pero todavía hay quien le pide lazadas hechas a mano para su casa o comercio.

Este año, aunque no sea lo habitual, la hija de una clienta le ha pedido un árbol en tonos dorados. “En este caso le recomendaría que la mesa fuera en los mismo tonos”, explica Ana, mientras muestra los grandes lazos que ha estado elaborando para un clienta que regenta una pescadería .

Otros tiemposEn los buenos tiempos llegó a decorar cestas de Navidad que le encargaban las empresas distribuidoras, chimeneas y todo el conjunto de elementos que intervienen en la creación de un ambiente armonioso en el hogar.

Tiene mucha experiencia en la materia y sabe que a los donostiarras “les cuesta” incluir en su paleta de colores nuevos tonos. “El rojo y el blanco son los protagonistas, el azul es frío y el caldera no acaba de entrar. Los proveedores me dicen que ahora el rosa está de moda”.

En la misma línea se manifiesta María, del comercio María Kala’s. Los donostiarras se mueven poco más allá del rojo y, según su experiencia, del verde. “Lo que sí observamos es que somos cómodos. El cliente viene y quiere soluciones y se lleva el adorno tal y como está montado en la exposición. Si lleva pilas, incluso con las pilas puestas”.

Coincide en que va en el ADN donostiarra cierto gusto por lo clásico que le impide asumir riesgos. Pero aun “sin grandes inversiones”, en su comercios observa movimiento en esta época del año. En su mayor parte es de “mujeres de más de 40 años. La gente joven viene menos y prefieren lo práctico, como belenes que ya están montados”.

“Siempre nos gusta poner algo nuevo en la decoración”, dice María, que asegura que la mesa es uno de los puntos focales del ornato navideño. “Tengo que volver a pedir tarjetas para poner los nombres en la mesa, porque se me están agotando”.

Las ventas alcanzarán su cénit en unos días, “entre Santo Tomás y Nochebuena”. Para más adelante, cara al fin de año, “las ventas bajan y se prefieren los platos de papel”.

Aunque hay gente previsora, la mayoría va incorporando piezas a su puzzle navideño a última hora. Que el resultado sea el deseado “es cuestión de ingenio”. Una idea: “mezclar elementos naturales y artificiales”, mezcla que se debe de aderezar con un toque de buen gusto y una pizca de imaginación y, en el caso de Donostia, con pocas estridencias. Siempre sobre seguro.