Mesa de Redacción

Máquinas

Por Carlos Marcos - Sábado, 13 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:11h.

el otro día tenían que entregarme un paquete en casa. Pero no había nadie. Así que una máquina decidió llamarme al teléfono móvil. Pero estaba trabajando y no pude coger en ese momento y saltó el contestador. La simpática máquina de la agencia de transportes, con voz femenina, invitó al teléfono pensando, supongo, que estaba hablando conmigo -aunque el contestador también tenga voz de señora como ella- a venir “tú mismo a recoger a la agencia que tiene tu envío ubicada muy cerca de tu domicilio y con un horario de recogida amplio de diez a dos y de cuatro a siete pulsando el 1”. Pero el contestador no le hizo ni caso. Así que la maquinita de la agencia de transportes volvió al contraataque en plan amenaza indeterminada: “En caso contrario procederemos a la entrega de tu envío próximamente”. Y nada. Entonces, la máquina animó al contestador a “volver a escuchar el mensaje pulsando 2”. Pero tampoco. Dio igual, la propia máquina repitió la alocución enterita, una y otra vez durante dos minutos y medio hasta que el contestador se hartó y le colgó el teléfono. Ahora temo que la maquinita, que no supo que hablaba con otra maquinita -ni entre ellas se entienden- tampoco sepa que le colgaron el teléfono y se haya quedado en bucle explicando las dos opciones hasta la eternidad sin que nadie le apriete los botones. Pobre.