sociedad

Encrucijada y horizonte de la pastoral guipuzcoana

Un amplio sector de la comunidad cristiana del territorio, cansado del estilo de Iglesia piramidal “impuesto” por Munilla, fija su mirada en la renovación eclesial impulsada en Poitiers

Un reportaje de Jorge Napal. Fotografía Javi Colmenero - Sábado, 13 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:11h.

La nueva distribución zonal de las parroquias, que “aumenta el distanciamiento que ya de por sí existía entre los sacerdotes”, activa la enésima respuesta de un grupo de cristianas y cristianos que no están de acuerdo con el modo de proceder del obispo. Entienden que se trata de una nueva maniobra para ejercer el control, y no quieren que se acabe condenando a su suerte a las pequeñas parroquias, dando por buena “una imperdonable hemorragia” de personas y comunidades.

El malestar es palpable, como evidencia el documento que recientemente se ha hecho público, firmado por 964 personas -914 laicos, 27 religiosos y 23 sacerdotes- en el que denuncian “la descomposición de la Diócesis de Donostia”.

No ha hecho más que comenzar el año y aflora un nuevo divorcio entre la cúpula de la Diócesis, donde manda Munilla con mano de hierro, y la mayoría del clero y la comunidad cristiana de Gipuzkoa. “Es lo que nos ha tocado, pero por responsabilidad y conciencia tenemos que intentar mantener la llama de la renovación pastoral”. Uno de los sacerdotes firmantes del documento denuncia que desde que llegó el prelado no se plantea ni se propicia un proceso de diagnóstico, análisis y reflexión de la situación real de la Diócesis. “Así es imposible marcar las decisiones más importantes del futuro”. El enésimo desencuentro sigue el guion acostumbrado: “No se tiene en cuenta el planteamiento, trabajo y esfuerzo tanto en el plano de la evangelización como en la organización diocesana que tuvo lugar durante los años anteriores a la llegada de Munilla. Muy al contrario, se está destruyendo lo que estaba alcanzando”. Los curas críticos se quejan de la prepotencia y falta de diálogo del obispo, “que está intentando llevar a la Diócesis a los tiempos de la cristiandad”.

Un modo pastoral, censuran, anclado en el pasado “cuando lo que la realidad plantea son nuevos retos y requiere respuestas de fondo y un cambio de rumbo”. Demandan una conversión y transformación en toda regla que se sitúa en las antípodas de la actual dirección.

Ante esta situación, desde el colectivo cristiano de base Eutsi Berrituz entienden que no pueden quedarse mano sobre mano. Según indican sus miembros, no esperaban reunir más de 200 firmas en su último documento crítico y acabaron por conseguir un millar. “Nos anima saber que hay mucha gente implicada que no está conforme con la actual situación”, señalan.

Abogan por formas y experiencias de ser iglesia más participativa. Creen que ha llegado el tiempo de la sinodalidad, es decir, el concurso responsable de “todos” -laicos, religiosos, sacerdotes, mujeres y hombres- que ocupen el “decisivo” lugar que les corresponde en la dinamización de la vida pastoral diocesana.

El encuentro organizado en noviembre del año pasado bajo el lema “Otra iglesia es posible” les ha insuflado nuevos ánimos. “Hay que escuchar a las comunidades cristianas siguiendo la estela del Concilio Vaticano II”, nada que ver con la reestructuración “impuesta” de los arciprestazgos en el inicio de curso en la Diócesis de Donostia.

Esta confrontación tiene lugar en un contexto social en el que la comunidad cristiana ya no es identificable con toda la población, lo que exige asumir algo que comienza a ser bastante común en muchas diócesis de las grandes urbes: la Iglesia va camino de ser una minoría en una sociedad crecientemente pagana.

La religión, de hecho, ocupa el último lugar entre los trece temas de la vida diaria más importantes para los habitantes del territorio, según la encuesta Cultura política de la población guipuzcoana 2017, encargada por la dirección de Derechos Humanos y Convivencia del Gobierno foral y presentada el mes pasado.

Actualmente es mayor el porcentaje de ateos que el de católicos practicantes. La encuesta refleja que nuevas urgencias brotan para la Iglesia en una sociedad crecientemente secularizada. Los servicios prestados por las actuales parroquias ya no garantizan la supervivencia de la comunidad cristiana.“Tenemos que partir de esa base. Los cristianos hoy en día somos una minoría en la sociedad. Es algo que hay que aceptar”, dice un sacerdote guipuzcoano. Los curas críticos con el prelado entienden que sigue habiendo un enorme camino por recorrer, y han fijado su mirada en la Diócesis de Poitiers.

“La parroquia no es una comunidad que necesita del sacerdote imprescindiblemente. Pueden ser laicos quienes ejerzan. Estamos buscando otro tipo de comunidad”, indican, mirándose en el espejo de la experiencia de renovación eclesial impulsada por monseñor A.Rouet (1994-2011). Lo hacen, a pesar de que fue formalmente desautorizada en 2012 por el sector de la curia vaticana más partidario de defender un modelo de Iglesia marcadamente clericalista, más atento al código de derecho canónico que a los criterios teológicos proclamados por el Vaticano II.

Jesús Martínez Gordo, sacerdote del equipo ministerial de Basauri, ha estudiado especialmente los procesos de renovación eclesial. Invitado en noviembre por Eutsi Berrituz, este doctor en Teología defiende que “más allá de las dudas que razonablemente se abren sobre dicha descalificación en el actual Papado, la de Poitiers es referente para otras renovaciones que también se está llevando en Francia y en muchas iglesias locales de Europa”.

Una renovación que, insisten los curas críticos, “no se observa por ningun lado” en la Diócesis de San Sebastián. “Munilla domina a los sacerdotes y cuantos menos haya mejor para él. No se puede ir por ahí. No queremos entrar en trifulcas con este señor porque la fe nos lleva por otros caminos, pero seguiremos dando otras respuestas”.