El sparring perfecto

La Real firma otra actuación bochornosa en el Bernabéu en un partido que quedó finiquitado al encajar un gol a los 30 segundos

MIKEL RECALDE, ENVIADO ESPECIAL A MADRID - Domingo, 11 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

Para qué servirán tantas horas de trabajo, a puerta abierta y en privado durante la semana, si se echa por la borda todo a los 30 segundos del encuentro. No se puede entender. No hay un equipo que tire más partidos a la basura que la Real. Cómo pueden pensar en hacer algo en el Bernabéu con una zaga de mantequilla, con una candidez y una inseguridad impropias de la categoría. Con una actitud defensiva lamentable, con unos errores groseros, sin pegar una patada, sin llevarse ningún rechace, concediendo en todo momento segundas jugadas a un Madrid que llegaba al duelo con el colmillo afilado. Como es lógico, sabía lo que se jugaba para preparar una caldera ante su inminente duelo ante el PSG. Cuentan que Zidane empezó a dar saltos de alegría cuando se enteró que el anterior visitante a los franceses era la Real. El equipo más blando de Primera. El equipo aspirina. El equipo que protagoniza varios ridículos escandalosos todas las temporadas ante los ojos desesperados de su afición. Alguno de los realistas miró arriba en el Bernabéu y se percató de que había 600 de sus seguidores que habían perdido tiempo de su vida y mucho dinero para llevarse otro disgusto de campeonato. ¡Que en quince días van a ir 2.000 a Salzburgo! A veros a vosotros, que muchas veces os empeñáis en parecer una banda. Que está muy bien ganar al Deportivo, golearle, tocarse el escudo y darle besitos, pero lo que hay que hacer es estar a la altura de la exigencia de la txuri-urdin. Hechos, no gestitos. Que ver a la Real deambular como un fantasma por el Bernabéu año tras año nos produce vergüenza. La sensación fue de que si hubiesen necesitado marcar quince goles, por decir una cifra, los habrían anotado sin problema. Con eso queda todo dicho. La Real dio pena, como tantas otras veces en Concha Espina.

En Madrid alucinan con los blanquiazules desde hace muchos años. El Bernabéu sigue respetando al conjunto donostiarra, en parte porque se lo ganó con esa encarnizada rivalidad de la década de los 80. Un Real Madrid-Real Sociedad sigue teniendo un gran cartel. Tiene nombre, suena bien y son muchos los seguidores blancos que acuden al campo con expectativas de ver un duelo atractivo y competido. Al minuto muchos de ellos recordaron que hace tiempo que a la Real le viene grande jugar en escenarios de enjundia. En lugar de agrandarse, como hacían otras generaciones realistas, desde hace unos años mengua de una manera ofensiva. Encoge. Es frustrante. La Real es uno de esos equipos tristes y aburridos que provocan bostezos en la grada de los coliseos y que carga las escopetas de esos hinchas de Barça y Madrid que reclaman una liga europea porque apenas encuentran oposición en el campeonato. Pero cómo es posible que les marcaran un gol a los 30 segundos en una jugada sin nada del otro mundo. Un simple centro al área de un jugador al que le permiten prepararse para ser preciso, un lateral izquierdo que todavía estaba con la mente en el vestuario y un jugador que cabecea solo para batir a un portero que no para una ni de casualidad. Pero, bueno, ayer no fue responsable, ya que el entramado defensivo simplemente fue una broma. Aunque en partidos así, un meta tiene que transmitir seguridad y hace tiempo que el argentino está flojo, deprimido y con dudas. Y contagia.

Una vez más, resultó inaceptable el planteamiento de Eusebio. Primero, porque lo que funciona no hay que tocarlo. Si de verdad confía en Zubeldia y el equipo necesitaba protegerse más al tratarse del Bernabéu, ¿por qué no le mantuvo en el puesto? Ahí va la Real, la que se cree valiente y en realidad peca de arrogancia pensando que puede jugar a su manera donde le da la gana. Así le va. Que ayer fue el Madrid el que le pintó la cara, pero ya hemos comprobado que lo puede hacer cualquiera. Hasta los colistas. Es justo reconocer que si de verdad había una posibilidad de hacer algo importante en este estadio, que cada año está más claro que no, esta se desvaneció con la lesión de Willian José. La baja del brasileño va a hacer mucho daño a la Real. Justo en el mes más importante. Amenaza tragedia.

Y luego está el hecho de que Héctor Moreno se quedara fuera de la lista. Este sí que es un expediente X. Todos los equipos que se refuerzan en enero no esperan ni un minuto para dar entrada a sus fichajes. Precisamente por eso, porque llegan para cubrir una necesidad o urgencia. La Real contrata a uno de los capitanes de México. Un central reputado, de 30 años, que aterriza en forma y con un hambre voraz de competir. Era suplente en la Roma, que no es un cualquiera, y viene a llenar el agujero dejado por el futbolista más intocable en la Real de los últimos ocho años. Lo que más se destacó de la operación es que era perfecto para exigir rendimiento inmediato. ¡Ni que este equipo fuese sobrado en defensa como para andar con este tipo de esperas! A jugar ya, al campo.

El guion del partido es el que tantas veces hemos vivido o, mejor dicho, sufrido en el Bernabéu. Desde el primer minuto, en esta ocasión con el agravante de un gol incluido, se vio que la historia iba a ser parecida a anteriores experiencias traumáticas en este escenario. La Real no sabe encontrar soluciones cuando le presionan bien arriba. Tampoco se las dan desde el banquillo. El Madrid le viene fatal a su juego, porque su despliegue en defensa provoca que cometa muchos errores graves y porque físicamente el conjunto blanco se encuentra a otro nivel si se compara con la fragilidad e indolencia de los txuri-urdin. El tanto supuso un mazazo letal, ya que no logró reponerse en los 90 minutos. Quizá haya que diferenciar el duelo en dos partes muy claras. Un partido de verdad, en la primera mitad, en el que el Madrid anotó cuatro tantos y estrelló dos remates en la madera. Y otro, de mentira, en el que los blanquiazules asomaron la cabeza en los aledaños de Keylor debido a que los locales levantaron el pie del acelerador y optaron por no hacer sangre. Lo cual todavía escuece más. Fue como el duelo de Vila-real, en el que muchos destacaron la mejoría de los donostiarras tras el descanso. Sí, claro, cuando estaba todo el pescado vendido. Eso es de perdedores.

Tras el gol de Lucas, Xabi Prieto perdió un balón imperdonable, y Benzema remató medio cayéndose al palo. Con la Real sin ser capaz de dar tres pases hacia adelante, porque en darlos horizontales son campeones del mundo, y el Madrid, haciendo pupa cada vez que pisaba zonas de riesgo. Cristiano, al que también le gustaría jugar todos los domingos contra la Real porque abusa de ella, remató a la red una preciosa combinación entre Asensio y Marcelo. Por cierto, mal cerrada por errores de colocación. El luso estuvo a punto de lograr el segundo, pero Rulli se estiró bien en la salida y luego Navas salvó el gol ante Benzema. Segundos después, CR7, escandalosamente solo en el área, voleó al palo. La situación era inaguantable, porque en cada ataque de los blancos se mascaba el tanto. El tercero lo anotó Kroos a pase de Carvajal;y el cuarto, para que se les caiga la cara de vergüenza a todos, en un saque de esquina cabeceado a placer y sin oposición por Cristiano. La última vez que la Real se retiró con un 4-0 al descanso en el Bernabéu hubo jugadores que lloraron de impotencia en el vestuario. No tiene pinta de que sucediera eso anoche, aunque la frustración era latente en los gestos de los futbolistas.

El encuentro de mentira, en el que se suele entonar la Real y se atreve a hacer más cosas porque el rival baja el pistón, acabó con un 1-2 para los realistas con goles de Bautista, que lo lleva en la sangre, tras una buena asistencia de Oyarzabal, y de Illarra a pase de Juanmi. Cristiano cerró su hat-trick al aprovechar la enésima pifia de Rulli en la presente campaña.

Otra goleada más para las estadísticas. El Madrid se tomó el duelo con la máxima seriedad, para motivarse antes de su cita frente al PSG. Al parecer, a la Real se le olvidó que también necesitaba un chute de autoestima y confianza de cara a su duelo ante el Salzburgo. Sin Willian José baja mucho la temperatura. Y se anuncia una ola de frío siberiano para este mes clave de febrero.