Cruce de caminos

mientras encara desde el jueves los dieciseisavos europeos y ve alejarse el tren continental de la próxima temporada, la real no puede descuidar en la liga la amenaza de la zona baja

Marco Rodrigo Ruben Plaza - Lunes, 12 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

donostia - Pocas veces un partido de la Real ha deparado un análisis tan unánime. La coincidencia en las opiniones respecto a la actuación del equipo txuri-urdin en el Santiago Bernabéu, el sábado, afectó incluso al banquillo, cuyo inquilino, Eusebio Sacristán, se mostró más crítico que nunca con el papel desempeñado. Utilizó el de La Seca palabras y expresiones como “lamentable” y “falta de tensión”. Y en esta ocasión se refirió a la intensidad blanquiazul como un factor que echó de menos, cuando siempre destaca la predisposición con la que sus futbolistas saltan al terreno de juego. En la prensa guipuzcoana, mientras, se hablaba ayer de “vergüenza”, de “ridículo” y de la necesidad de encontrar cuanto antes tres equipos peores para garantizar la permanencia.

Lo cierto es que la Real ofreció en Chamartín una imagen muy pobre, impropia de un equipo de Primera División y que dibuja un escenario preocupante de cara al futuro. Y es que, en un aspecto que subrayó el entrenador después del encuentro, el equipo desaprovechó en el campo del Real Madrid, donde hay formas y formas de perder, la posible ola positiva generada por el 5-0 logrado contra el Deportivo una semana antes. Los txuri-urdin se habían mostrado durante el mes de enero muy frágiles en lo anímico. Cada golpe que recibían durante los partidos les sacaba de los mismos. Y existía la firme esperanza de que un resultado como el obtenido ante los gallegos rearmara la moral de la tropa. Pero lo vivido en el Bernabéu supuso una recaída en toda regla, de efectos agudizados por lo temprano del 1-0. Lucas Vázquez marcó a los 47 segundos.

sin reacción El año 2018 de los blanquiazules arrancó en Leganés, donde, dentro de un partido discreto, dispusieron de ocasiones para adelantarse y no las aprovecharon. En la segunda parte, mientras, se vieron afectados en demasía por el 1-0 pepinero, tras el que no hubo atisbo de reacción, en una circunstancia que se repitió en los tres encuentros posteriores. Ocurrió, por ejemplo, una semana después en Anoeta contra el Barcelona. A un fenomenal arranque le siguió un desmoronamiento progresivo que empezó con el momentáneo 2-1 de los culés y que terminó de completarse cuando estos se pusieron en ventaja. Los de Eusebio nunca tuvieron posibilidades de volver a meterse en el encuentro (2-4 final).

De nuevo en Donostia, frente al Celta, la Real se mostró espesa pero insistente y dominadora durante casi toda la segunda parte, con los gallegos encerrados. Pero estos marcaron el 1-2 en un saque de esquina y, en el cuarto de hora restante, los guipuzcoanos ni siquiera asustaron al rival. En Vila-real, finalmente, pudo verse una especie de adelanto de lo vivido en el Bernabéu: gol tempranero y desastre generalizado. El equipo volvió el sábado a exhibir una mandíbula de cristal, y eso es lo que más preocupa.