"Ningún niño debería luchar en guerras provocadas por adultos"

Según World Vision siete países reclutan menores para sus ejércitos

Europa Press - Martes, 13 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 11:29h.

 Madrid. Matar o morir. Esa es la difícil elección a la que se enfrentan algunos de los miles de niños que en todo el mundo son enrolados por grupos armados e incluso ejércitos regulares, la mayor parte de las veces a la fuerza. Una elección que no tendrían que tomar si hubieran gozado de la atención y la protección previa que como niños requieren.

Según los últimos datos de la ONU de 2017, un total de siete países reclutaron a menores para las filas de sus Ejércitos Afganistán, Birmania, Somalia, Sudán del Sur, Sudán, Siria y Yemen. En otros 43 también se entrena a menores para el conflicto armado aunque no se les usa para este fin hasta que no cumplen la mayoría de edad. A esto se suman 56 grupos armados no estatales de varios países que también cuentan con menores en sus filas.

Hain es un antiguo niño soldado al que enrolaron a la fuerza en un grupo armado en Birmania cuando tenía 16 años y al que sus superiores obligaron a matar, amenazándole de muerte de lo contrario. "Disparé a más de 100 personas. Algunas de esas personas tenían la misma edad que yo, incluso muchas de ellas parecían más jóvenes", cuenta a la ONG World Vision. "Cada vez que pienso en esos momentos no puedo dormir, no puedo comer y a veces ni siquiera sé cómo vivir", reconoce.

El trauma suele acompañar a muchos de estos menores cuando consiguen escapar o son liberados. Justin es uno de ellos. Fue enrolado por un grupo rebelde sursudanés cuando atacó su localidad el año pasado y la semana pasada fue liberado junto con otros 300 menores por dos grupos insurgentes. Según cuenta a Reuters, quemó su uniforme militar para ayudarle a olvidar los malos momentos vividos como guardaespaldas de un comandante.

"Me pasaron muchas cosas malas cuando estuve en el bosque. Si no sales y robas, no tienes nada para comer, cuando las fuerzas gubernamentales nos atacaban, huíamos durante todo el día sin nada que comer", explica. "No tengo ninguna ropa que vestir, incluso estos zapatos se los robé a alguien", reconoce.

En general, los niños son raptados para usarlos tanto en el combate como para tareas logísticas y de espionaje, pero también se secuestra a niñas, en cuyo caso suelen realizar tareas domésticas como cocinar para los combatientes, pero también son usadas como esclavas sexuales u obligadas a casarse con estos, además de ser empleadas en ocasiones para el combate.

A Ngalula, de 12 años, fue una amiga la que la vendió a los rebeldes en República Democrática del Congo (RDC). Según cuenta a World Vision, le pidió que fuera a caminar con ella. "No sabía a dónde íbamos", asegura, pero entonces llegaron al bosque, "donde la milicia tenía su campamento" y sospechó lo que pasaba. "Le dije: No quiero unirme al movimiento;mis padres no quieren que me una. Pero ella me dijo: si no te unes te mataremos y tuve miedo y acepte", dijo Ngalula.